Supongo que es uno de esos baldes rotos que uno siempre necesita para volcar un poco de su mente corrosiva -que tal vez solo le importe a pocos- y que es un poco de vos y un poco de aquellas personas que, como perseguidoras sombras constantes, aparecen cuando la luz impacta nuestra figura, y las otras - mis preferidas - las que acompañan nuestra oscuridad con un café en la mano derecha y tu cabello en la izquierda. (tan sólo catarsis)
sábado, 20 de septiembre de 2014
BENJAMIN THEMIFORZS; Capítulo cinco, La luz en la oscuridad
Tengo miedo, como nunca en mi vida. Siento como si mi cuerpo fuera de
roca y no puedo mover mis piernas, estoy tieso como una estatua
empuñando un arma que apenas sé usar. Miro a los demás y su expresión se
fosiliza en mi mente y tampoco dicen nada ni se mueven. Gruñidos,
extraños gruñidos se escuchan desde nuestras espaldas y viene desde
adentro de la niebla, momentos después de la misma aparecen los
monstruos temblorosos y ahora puedo verlos mejor: tienes piernas humanas
pero sin piel, puedo observar sus músculos latir como un corazón al
descubierto; su torso y brazos -también en carne viva- toman un aspecto
deforme y desproporcionado, tiemblan al caminar, con un rostro
desfigurado con solo una gran boca con largos dientes caninos. -
¡Vamonos! -. Digo, pero Marco ya lo había hecho, los demás lo seguimos a
unos metros. Bajamos la pequeña colina y con cada pisada que damos se
levanta una pequeña nube de ceniza que intentamos no respirar demasiado.
De vez en cuando cae alguna que otra bola de fuego desde el cielo,
curiosamente y gracias a los dioses, muy alejado de nosotros -está claro
que si una de esas nos impacta... estaremos muertos-. Ahora el camino
está lleno de pequeñas piedras, de vez en cuando saltamos algunos de
éstos ''Mongs'' que están tirados en el suelo sacudiéndose y
gritando, no parecen notarnos. Estoy mareado por la hiperventilación
inconsciente que estoy realizando aunque continúo, a veces tambaleante.
Ahora a nuestro al rededor hay vegetación con arboles muy altos y secos,
perturbadores y negros. Veo como Sebastián corre de prisa con sus
brazos abiertos como alas y sus cortas espadas en cada mano las cuales
sobresalen en el paisaje... es cierto... los cuatro junto a nuestras
armas sobresalimos en el paisaje... me paro en seco y los demás me
gritan bajando la velocidad. - ¿Que diablos haces Ben? ¡Vamos ahora
mismo! - A mi derecha veo a una niña de cabello negro y tes oscura,
saltando con una cuerda y sonriendo, feliz. - ¿Que hace una niña aquí?
-. Empuño mi espada índigo apuntando a la niña pero sin intención de
dañarla, solo por precaución y me acerco para hablarle. - ¡Ben, vienen
Mongs detrás de ti, por favor, debemos irnos! - grita Marco. Me doy
vuelta y están a menos de cincuenta metros. Cuando estoy a punto de
volver a mi equipo -decidiendo que es solo una ilusión para confundirnos
o realentarnos- escucho otro grito, es la niña la cual está siendo
acechada por una de las deformidades. ''No puedo dejarla ahí''. -
¡Benjamin, nos iremos sin ti! -. grita Sebastián. - ¡Hazlo, Sebastián!
Tengo que ayudarla, los alcanzaré en cuanto pueda -. Corro como
intentando levantar vuelo y, sin pensarlo dos veces, envisto al ente
enterrando mi espada en su cuello: desaparece en una nube de cenizas. -
Muchas gracias -. me dice la pequeña apretando fuertemente una muñeca de
pelos alborotados y desaparece en un haz de luz. ¿No era real? No lo
era, aunque me siento bien por haberla ayudado, no hubiera soportado
verla siendo atacada por esos caminantes. Cuando vuelvo ya casi están
los Mongs por atraparme, los demás empiezan a correr. Mientras corro
vuelve una frase de hace unos momentos a mi mente ''¡Benjamin, nos
iremos sin ti!'' ¿Lo decía en serio? ¿Era capaz de dejarme solo? ¿Que
clase de amigo deja solo a otros en apuros? Espero que haya sido una
táctica para convencerme, de cualquier forma esa frase no fue afortunada
y estoy conociendo cosas de mi amigo que antes no había descubierto, me
asusta pensar que éstas pruebas puedan cambiar más cosas de las que
pienso. La lanza de Kan brilla como la sangre, es tan larga como él por
lo que está colgada en su espalda de forma inclinada para no rozar el
piso. Estamos al comienzo del puente, por lo que se ve es seguro aunque
por debajo pasa un rio de lava lo suficientemente alejado como para no
quemar la estructura... ni a nosotros. Hay cuatro Mongs justo en el
centro y siento que mi estomago se estrangula al ver que están atacando a
otro de los suyos. - No puedo hacerlo... -. Dice Kan en voz baja pero
puedo leer sus labios. Sebastián se hecha varios pasos atrás, lo ignoro
por completo para acercarme a los dos restantes y -mientras veo como se
empiezan a acercar los entes- pensar una estrategia rápida. - Nuestra
arma más larga es la de Kan, las más rápidas son las de Sebastián y la
más letal es la tuya, la mía no parece tener ventajas adicionales -. Le
digo a Marco y asiente con la cabeza para seguir. - Los monstruitos se
mueven lentos, eso es visible, creo que Kan debería sernos de apoyo ya
que puede atacar desde una distancia lejana, incluso puedes lanzarla,
pero solo si estás seguro - dirigiéndose a él - y no estamos lo
suficientemente cerca como para lastimarnos. -. Marco, al igual que yo,
tenemos esencia de líderes. Continúo hablando como un rayo. - Entonces
nosotros dos atacaremos en el frente, y si Sebastían no nos deja solos y
pasa por nosotros mientras luchamos puede que ayude dando cortes
rápidos. -. El comentario dejó perplejo a mis dos amigos, pero me sentí
bien al decirlo, veo en Marco una mirada de aprobación. Una luz
brillante a en el cielo me asusta, la bola de fuego destroza un árbol
cercano, luego cae otra, y otra. Es ahora o nunca: - ¡Vamos, deprisa,
parece que el tiempo se nos acaba! -. gruño y corremos hacia a los
enemigos. El primero de los monstruos abre la boca y grita con voz
entrecortada y fuerte, de forma calada, petrificante. Mi espada le corta
el cuelo y un liquido negro como la noche sale de la herida, segundos
después desaparece entre brazas. Sebastián salta como un ciervo entre
nosotros y empieza a acuchillar a uno sin percatarse de que ya se
abalanzaba directo a él otro Mongs a la izquierda, quien abre su boca
como un hipopótamo y se dirige directo a su cuello. Le vuelo la cabeza
con un corte limpio y lo pongo a salvo, siquiera se ha percatado de que
lo he salvado, ocupado en su carnicería. Kan entierra el filo de su arma
en el pecho del restante, y nuestro camino está libre. Me pregunto por
Marco, no está a nuestro lado así que me doy vuelta y lo veo, está
luchando contra tres que parece venieron desde atrás, los acaba
fácilmente, y me doy cuenta que lo admiro por su veracidad. - ¡Buenos
cortes, compañero, hora de irnos! -. Los tres corren adelante mío y las
bolas de fuego siguen golpeando todo lugar adyacente. Cuando estamos a
unos metros del final una de éstas golpea la zona donde luchamos y el
puente se quiebra por la explosión. Grito y me tomo de una de las
cuerdas sueltas, los demás lo hacen de los tablones y empiezan a subir.
Yo estoy lejos de éstos, siento el calor en mis piernas. ''No mires
abajo, no mires abajo'' digo varias veces al aire y los demás me gritan
desde arriba. Veo como Marco intenta bajar así que le grito que se quede
donde está, que podía hacerlo. ¿Puedo hacerlo? ¿como puedo hacerlo?
Guardo la espada en mi funda y empiezo a subir lentamente. Está claro
que cuanto más tardamos peor se pone todo así que lo hago con todas mis
fuerzas. - ¡Tu puedes! - Suelta Kan. Todavía no escuché decir nada a
Sebastián, más que algún que otro grito sobre el hecho de apurarme.
''Piensa''. Si quiero apurarme solo me queda algo por hacer, intentar
realizar algún hechizo. Repaso en mi cerebro: ''Veamos, libro de
hechizos del abuelo, la magia blanca no me ayudaría... la negra menos...
quizá pueda usar alguno elemental, ¿tierra, fuego, aire, agua? Agua
claramente no, fuego menos. Con un hechizo de tierra podría mover un
pedazo de roca hacia mis pies y hacerla levitar, pero seguramente caería
ya que solo lo hice de pequeño y en una de las pocas veces que mi
abuelo venía al bosque y me enseñaba, luego de eso nunca logré mover
pedazos de tierra o rocas grandes por mucho tiempo... así que solo me
queda una opción, ya que no soy un hechicero ducho como para poder volar
un par de metros, tengo que...'' - Tengo que hacer un hechizo elemental
de aire -. Digo en voz alta. Lo he hecho varias veces, el aire no
requiere mucha energía ni es muy difícil de controlar. Me ato la mano
izquierda a la cuerda y focalizo quanar en mi mano derecha. Siento mi
palma caliente, casi hirviendo. Al rededor de mi cuerpo nace viento
caótico, parecido al de una tormenta de verano, sin saber bien a donde
ir. Mi mano brilla con luz dorada y cierro los ojos esperando que
funcione: ''Ayúdame, padre'' digo en mi mente y disparo la energía hacia
el cielo, soltándome la mano atada y volando varios metros sobre mis
compañeros para caer en una ráfaga tempestuosa sin haberme hecho daño.
Las caras de mi equipo son de hielo, jamás me habían visto hacer magia,
ni Marco ni mucho menos Sebastián. No está permitida en el Bosque Índigo,
aunque nunca supe bien el porque, de cualquier forma era un secreto que
le guardaba hasta a mi madre y que compartía con mi abuelo, estudiando
de sus libros -ahora escondidos en mi cuarto- y practicando en solitario
a escondidas de cualquiera en las profundidades del bosque, incluso de
mi abuela aunque sospecho que le encantaría la noticia. - Luego les
explico, ahora, ¡andando! -. Vemos la cueva donde está el portal,
estamos a unos metros pero en su entrada hay más de diez monstruos
gritando, gimiendo y vomitando.y por la derecha y la izquierda vienen
más lentamente. Mi mano sigue brillando... lo mejor será evitarlos y
salir de aquí lo más rápido posible. - ¡Tengo una idea, confíen en mi,
solo corran, no paren! -. Sé que saben de que hablo. Extiendo mi mano
por arriba de los mongs y nos envuelven vientos huracanados, lo que nos
empuja por arriba de todos y caemos en la entrada, sanos y salvos. Nos
paramos ansiosos y al buscar el portal no vemos más que oscuridad. -
¿Que hacemos ahora? -. Dice Marco engolando la voz, mientras veo como se
van acercando nuestros amigos de carne. - ¿Que es esa luz? -. Murmura
Kan y todos giramos: La pequeña niña que salvé del Mong aparece en la
oscuridad iluminada de una luz blanca que ilumina toda la cueva y parece
lastimar a los monstruos que estaban a punto de entrar, quemando su
carne y por fin, alejándose. - Ahí está el portal, Ben. Muchas gracias
por salvarme. Pero recuerda, no te he ayudado yo, te ha ayudado tu
bondad -. Me dice dulcemente y el portal aparece, ésta vez es blanco y
su luz me revitaliza. - Muchas gracias pequeña... - le suelto y
caminamos hasta la salida. Antes de atravesar la luz la saludo agitando
mi mano: dos segundos más tarde estoy con los demás en el bosque, parado
con una lagrima en el ojo, lugar de nuestra partida.
BENJAMIN THEMIFORZS; Capítulo cuatro, La primer prueba
Miro hacia atrás antes de meternos en las profundidades del bosque
para observar la situación: Fuego camina al norte, Tierra va al oeste,
Aire al este, por lo que nuestro grupo, Agua, va por el sur. Hago un
recuento rápido de mi grupo y me sorprendo al ver que somos unos quince
jóvenes, al separarnos parecemos muchos menos, incluso parece que
siquiera la cantidad que pensaba el día de la presentación. Albert se
pega topetazos con Edison, parecen muy contentos con todo ésto. Cuando
diviso a mis amigos me acerco a ellos sin decir nada ya que los veo
callados. - Uff, ya sal de tu cabeza y quédate cerca, Sebastián apenas
dijo algo en todo el día. - Murmura Marco y me sorprende, debido a las
charlas, que Astral y Sigmun no nos regañen: lo curioso es que apenas se
fijan en nosotros, eso me parece muy extraño. Veo a Sebastián a los
ojos, tiene ojeras profundas, jamás lo había visto de esa forma; no es
de esos jóvenes cobardes, para nada, es muy inteligente, profundo y casi
siempre divertido, pero hay algo de todo ésto que lo mantiene no solo
nervioso si no aterrado. - ¿Que te sucede, Se? -. Le digo, curioso. -
Nada, en serio. Lamento estar así tan... - ¿tan idiota? Vamos colega, no
vamos a la guerra, solo van a ser pruebas, nadie saldrá lastimado. - Lo
corta y prosigue Marco. Eso ultimo fue sensato, nada puede pasarnos así
que no hay porque preocuparse.
- Llegamos. -. Grita Astral a varios metros de distancia. - ¿Llegamos?- digo, porque no hay nada, solo sigue el bosque, estamos en el medio de él ¿a donde llegamos? -. ¿Alguno de ustedes a viajado en portales ya? -. Todos estamos callados, todo murmullo se desvaneció. Sabemos de la existencia de portales pero jamás hubiéramos imaginado pasar por uno: tengo entendido que los portales requieren de conjuros sumamente poderosos para ser creados, por lo que solo los hechiceros más duchos pueden lograrlos. Astral se acerca, y yo todavía sigo sin ver un portal. - Cada dúo de Hércules tuvimos la responsabilidad de crear y armar el escenario de las pruebas dependiendo nuestra primera ubicación. Sigmun y yo decidimos usar mi magia para ésto, y he aquí el portal. Una vez que completemos ésta fase pasaremos al Oeste, luego al Norte, y por ultimo al Este, lo que significa que nos moveremos en sentido de las agujas del reloj, al igual que los demás. No hay más que decir, es hora de actuar. - Mis músculos se tensan, y mi corazón parece salirme del pecho -. - Recordar, no perdonaré al cobarde. - Concluye Sigmun. Parece ser de pocas palabras, pero las que dice dan miedo y son concretas. Astral se mueve para darnos lugar y que pasemos. ''Solo caminen'', es la única petición. - ¿Quién pasará primero? -. Dice Astral calmadamente. - Yo. -. grita Marco. Era más que obvio. Se abre entre nosotros y corre derecho como una furía, claramente se lo está tomando muy en serio. Un segundo después desaparece. - Ahora todos, vamos, vamos, vamos mujercitas. - Escupe Sigmun. Estoy corriendo y mi corazón parece galopar, hace frío y mi chaleco no basta para solventarlo. En un abrir y cerrar de ojos estamos cayendo desde la sima de una montaña. No puedo gritar, siquiera, el viento entra por mi boca y me ahoga. sentimos el peso de la gravedad y como el piso se acerca. No puede ser ésto posible, ¿vamos a morir? ¿Astral calculo mal algo del portal o algo así? Cierro los ojos entre gritos. El silencio. Aterrizamos en pastos cómodos, tan largos y suaves que amortiguaron la caída por completo. Veo como a varios metros un joven está vomitando, otro respira agitado, uno llora, y los demás estamos en shock. Sebastián sonríe, y estoy empezando a dudar de su salud mental. Marco, está parado a lo lejos en una colina pequeña, vitorea nuestra llegada. Está claro, No atravesamos un portal, si no, dos: uno al pasar y otro mientras caíamos. ¿Que se supone que probamos con ésto?. Los Hércules aparecen detrás de Marco, puedo observar como Sigmun aprieta su hombro y le dice algo que no logro oír, seguramente felicitaciones por su valentía. - ¡Por aquí! - dice Astral, y nos movemos torpemente pisando la vegetación. Cuando estamos en suelo firme solo viene una frase a mi mente ''Son solo pruebas''. - Bien, hora de pasar por el último portal y ahora sí, estar en el lugar donde se llevará a cabo las pruebas. -. Ahora que lo veo y pienso bien Astral es algo muy parecido a lo que quiero ser cuando crezca... cuando despierto de mi ensoñación todos empiezan a correr por donde dirige el dedo el Hércules hechicero. - ¿Ahora qué? ¿donde vamos a aparecer? ¿En un volcán en erupción? ¿debajo del agua? ¿bajo tierra? - Me grita Sebastián, con una sonrisa en su rostro. Parece que todo ésto le está cayendo bien, su bipolaridad es algo que estoy conociendo hoy. Miro a Astral sin dejar de correr y me está mirando, mi respiración se corta un momento ante su grandeza y desaparezco. Los gritos que escucho apenas lo atravieso me bloquean el pensamiento: ''¡No sigan!'', ''¡Cuidado!'', ''¡Van a caer!'', estamos en el acantilado de los caídos, al sur del bosque. - ¡Han caídos dos! ¡Hércules! ¡¿Dónde están?! -. ¿Marco? ¿donde está Marco? - ¡Marco! ¿donde estás? -. grito controlando mi volumen, y veo que no está. Edison está en el borde, lagrimea mirando hacia abajo, está claro, han caído al vacío Marco y Albert.
Astral aparece detrás nuestro y Sigmun, quien está a su diestra, se ríe con potencia. Todos piden auxilio. Miro al hechicero y cuando estoy a punto de gritarles algo y abalanzarme hacia ellos Sigmun suelta un: - Pero si sus valientes y estúpidos amigos están ahí. - Señala a la nada y caen -luego de aparece a un metro- mi amigo y mi compañero. El Hércules barbudo nos pone en fila, recién me empiezo a tranquilizar por Marco. - ¿Para que quieren tanta valentía si van a ser tan estúpidos? ¡Tengan más cuidado! - nos dice. Astral, con sus manos atrás, continúa: - He puesto otro portal por si alguien caía. Espero les sirva de aprendizaje. -. Marco está llorando y Albert contiene un sollozo, me gustaría contenerlo pero entiendo que no es el momento, y aunque de forma extrema, es una enseñanza para su impulsividad.
Es hora de la primer prueba -es increíble que no lo haya sido lo vivido recientemente-. Astral hace que nos detengamos en el campo abierto luego de varios metros alejándonos de una inminente caída, para que apunte con su mano abierta y de la nada aparezca todo un campamento. - Hechizo de invisibilidad -. Digo y Sebastián asiente. - Todos, tomen una espada, ahora -. Corremos con energía reducida a la del principio y nos metemos en la gran tienda montada en el medio del lugar. Hay varias, de muchas formas y colores. ¿Cual eligire? Hay una que me llama mucho la atención, su color es índigo y es bastante larga. Cuando la sostengo me doy cuenta que no es para nada pesada. ''Perfecta''. Sebastián parece indeciso y cuando va a tomar una se la sacan de las manos, así que se termina decidiendo por una doble, pero claro, más cortas. Marco está callado, parece que todo ésto ha dañado su ego, se limita a agarrar una que termina en un filoso rulo de acero. Cuando salimos de la tienda nos reunimos con él, y lo tranquilizamos; claramente se ha puesto una coraza encima ocultando su disgusto de haber fallado. Astral habla, y todos callamos. - Hay tres portales, en cada uno de ellos hay desafíos diferentes. Elijan con inteligencia. -. Bien, ésta vez los portales pueden verse, parecen espejos pero con transparencia y los tres tiene colores diferentes. El primero es azul, el segundo rojo, y el tercero negro. - Iré al negro. -. dice Marco. - Iremos contigo -. decimos con Sebastián a regañadientes ya que ninguno de los dos hubiéramos preferido ese color pero no podemos dejarlo solo. Además que sea negro no significa que sea peor, quizá incluso esté hecho justamente para que dudemos y no entremos imaginando algo aterrador y resulte ser todo lo contrario. Cuando hacemos los grupos por portal vemos que somos nosotros tres y el chico rubio de los rizos que conocí ayer. - Si me meto en alguno de éstos prefiero estar con alguien conocido, aunque hayamos cruzado tan solo unas palabras. -. Me dice y veo el brillo de su lanza roja en sus espaldas. Me queda claro algo, no lo conocía porque no es del bosque, no conoce a nadie. - Bien, eres bienvenido. ¿Como te llamas? -. digo rápidamente antes de que nos den el permiso para entrar. - Soy Kan, mucho gusto. -. Dirijo mi mirada a los portales: en el primero hay siete y en el segundo cuatro. Sigmun nos mira sonrientes y temo por lo que haya detrás de éste manto oscuro transparente. - ¡Comienza la primer prueba, adelante! -. Estamos corriendo empuñando nuestras armas, atravesamos el portal y una vez dentro toso y no puedo ver nada. Mi piel siente mucho calor y cuando salimos de la humareda veo un paisaje escalofriante: bultos con apariencia humana retorciendose por todas partes mientras gritan de dolor. Nos llega una voz desde algún lugar cercano, es Astral, y su mensaje es claro: ''Si quieren pasar ésta prueba solo deben cruzar el camino, el punte, y luego dentro de la cueva encontrarán en portal que los llevará de nuevo al bosque, tengan cuidado a los Mongs les gusta alimentarse del miedo''. ¿Mongs? Estamos petrificados, el cielo rojo, el río de lava, el volcán a lo lejos, gritos, dolor... éste lugar solo puede representar una cosa: el mismísimo averno.
- Llegamos. -. Grita Astral a varios metros de distancia. - ¿Llegamos?- digo, porque no hay nada, solo sigue el bosque, estamos en el medio de él ¿a donde llegamos? -. ¿Alguno de ustedes a viajado en portales ya? -. Todos estamos callados, todo murmullo se desvaneció. Sabemos de la existencia de portales pero jamás hubiéramos imaginado pasar por uno: tengo entendido que los portales requieren de conjuros sumamente poderosos para ser creados, por lo que solo los hechiceros más duchos pueden lograrlos. Astral se acerca, y yo todavía sigo sin ver un portal. - Cada dúo de Hércules tuvimos la responsabilidad de crear y armar el escenario de las pruebas dependiendo nuestra primera ubicación. Sigmun y yo decidimos usar mi magia para ésto, y he aquí el portal. Una vez que completemos ésta fase pasaremos al Oeste, luego al Norte, y por ultimo al Este, lo que significa que nos moveremos en sentido de las agujas del reloj, al igual que los demás. No hay más que decir, es hora de actuar. - Mis músculos se tensan, y mi corazón parece salirme del pecho -. - Recordar, no perdonaré al cobarde. - Concluye Sigmun. Parece ser de pocas palabras, pero las que dice dan miedo y son concretas. Astral se mueve para darnos lugar y que pasemos. ''Solo caminen'', es la única petición. - ¿Quién pasará primero? -. Dice Astral calmadamente. - Yo. -. grita Marco. Era más que obvio. Se abre entre nosotros y corre derecho como una furía, claramente se lo está tomando muy en serio. Un segundo después desaparece. - Ahora todos, vamos, vamos, vamos mujercitas. - Escupe Sigmun. Estoy corriendo y mi corazón parece galopar, hace frío y mi chaleco no basta para solventarlo. En un abrir y cerrar de ojos estamos cayendo desde la sima de una montaña. No puedo gritar, siquiera, el viento entra por mi boca y me ahoga. sentimos el peso de la gravedad y como el piso se acerca. No puede ser ésto posible, ¿vamos a morir? ¿Astral calculo mal algo del portal o algo así? Cierro los ojos entre gritos. El silencio. Aterrizamos en pastos cómodos, tan largos y suaves que amortiguaron la caída por completo. Veo como a varios metros un joven está vomitando, otro respira agitado, uno llora, y los demás estamos en shock. Sebastián sonríe, y estoy empezando a dudar de su salud mental. Marco, está parado a lo lejos en una colina pequeña, vitorea nuestra llegada. Está claro, No atravesamos un portal, si no, dos: uno al pasar y otro mientras caíamos. ¿Que se supone que probamos con ésto?. Los Hércules aparecen detrás de Marco, puedo observar como Sigmun aprieta su hombro y le dice algo que no logro oír, seguramente felicitaciones por su valentía. - ¡Por aquí! - dice Astral, y nos movemos torpemente pisando la vegetación. Cuando estamos en suelo firme solo viene una frase a mi mente ''Son solo pruebas''. - Bien, hora de pasar por el último portal y ahora sí, estar en el lugar donde se llevará a cabo las pruebas. -. Ahora que lo veo y pienso bien Astral es algo muy parecido a lo que quiero ser cuando crezca... cuando despierto de mi ensoñación todos empiezan a correr por donde dirige el dedo el Hércules hechicero. - ¿Ahora qué? ¿donde vamos a aparecer? ¿En un volcán en erupción? ¿debajo del agua? ¿bajo tierra? - Me grita Sebastián, con una sonrisa en su rostro. Parece que todo ésto le está cayendo bien, su bipolaridad es algo que estoy conociendo hoy. Miro a Astral sin dejar de correr y me está mirando, mi respiración se corta un momento ante su grandeza y desaparezco. Los gritos que escucho apenas lo atravieso me bloquean el pensamiento: ''¡No sigan!'', ''¡Cuidado!'', ''¡Van a caer!'', estamos en el acantilado de los caídos, al sur del bosque. - ¡Han caídos dos! ¡Hércules! ¡¿Dónde están?! -. ¿Marco? ¿donde está Marco? - ¡Marco! ¿donde estás? -. grito controlando mi volumen, y veo que no está. Edison está en el borde, lagrimea mirando hacia abajo, está claro, han caído al vacío Marco y Albert.
Astral aparece detrás nuestro y Sigmun, quien está a su diestra, se ríe con potencia. Todos piden auxilio. Miro al hechicero y cuando estoy a punto de gritarles algo y abalanzarme hacia ellos Sigmun suelta un: - Pero si sus valientes y estúpidos amigos están ahí. - Señala a la nada y caen -luego de aparece a un metro- mi amigo y mi compañero. El Hércules barbudo nos pone en fila, recién me empiezo a tranquilizar por Marco. - ¿Para que quieren tanta valentía si van a ser tan estúpidos? ¡Tengan más cuidado! - nos dice. Astral, con sus manos atrás, continúa: - He puesto otro portal por si alguien caía. Espero les sirva de aprendizaje. -. Marco está llorando y Albert contiene un sollozo, me gustaría contenerlo pero entiendo que no es el momento, y aunque de forma extrema, es una enseñanza para su impulsividad.
Es hora de la primer prueba -es increíble que no lo haya sido lo vivido recientemente-. Astral hace que nos detengamos en el campo abierto luego de varios metros alejándonos de una inminente caída, para que apunte con su mano abierta y de la nada aparezca todo un campamento. - Hechizo de invisibilidad -. Digo y Sebastián asiente. - Todos, tomen una espada, ahora -. Corremos con energía reducida a la del principio y nos metemos en la gran tienda montada en el medio del lugar. Hay varias, de muchas formas y colores. ¿Cual eligire? Hay una que me llama mucho la atención, su color es índigo y es bastante larga. Cuando la sostengo me doy cuenta que no es para nada pesada. ''Perfecta''. Sebastián parece indeciso y cuando va a tomar una se la sacan de las manos, así que se termina decidiendo por una doble, pero claro, más cortas. Marco está callado, parece que todo ésto ha dañado su ego, se limita a agarrar una que termina en un filoso rulo de acero. Cuando salimos de la tienda nos reunimos con él, y lo tranquilizamos; claramente se ha puesto una coraza encima ocultando su disgusto de haber fallado. Astral habla, y todos callamos. - Hay tres portales, en cada uno de ellos hay desafíos diferentes. Elijan con inteligencia. -. Bien, ésta vez los portales pueden verse, parecen espejos pero con transparencia y los tres tiene colores diferentes. El primero es azul, el segundo rojo, y el tercero negro. - Iré al negro. -. dice Marco. - Iremos contigo -. decimos con Sebastián a regañadientes ya que ninguno de los dos hubiéramos preferido ese color pero no podemos dejarlo solo. Además que sea negro no significa que sea peor, quizá incluso esté hecho justamente para que dudemos y no entremos imaginando algo aterrador y resulte ser todo lo contrario. Cuando hacemos los grupos por portal vemos que somos nosotros tres y el chico rubio de los rizos que conocí ayer. - Si me meto en alguno de éstos prefiero estar con alguien conocido, aunque hayamos cruzado tan solo unas palabras. -. Me dice y veo el brillo de su lanza roja en sus espaldas. Me queda claro algo, no lo conocía porque no es del bosque, no conoce a nadie. - Bien, eres bienvenido. ¿Como te llamas? -. digo rápidamente antes de que nos den el permiso para entrar. - Soy Kan, mucho gusto. -. Dirijo mi mirada a los portales: en el primero hay siete y en el segundo cuatro. Sigmun nos mira sonrientes y temo por lo que haya detrás de éste manto oscuro transparente. - ¡Comienza la primer prueba, adelante! -. Estamos corriendo empuñando nuestras armas, atravesamos el portal y una vez dentro toso y no puedo ver nada. Mi piel siente mucho calor y cuando salimos de la humareda veo un paisaje escalofriante: bultos con apariencia humana retorciendose por todas partes mientras gritan de dolor. Nos llega una voz desde algún lugar cercano, es Astral, y su mensaje es claro: ''Si quieren pasar ésta prueba solo deben cruzar el camino, el punte, y luego dentro de la cueva encontrarán en portal que los llevará de nuevo al bosque, tengan cuidado a los Mongs les gusta alimentarse del miedo''. ¿Mongs? Estamos petrificados, el cielo rojo, el río de lava, el volcán a lo lejos, gritos, dolor... éste lugar solo puede representar una cosa: el mismísimo averno.
BENJAMIN THEMIFORZS: Capítulo tres; Agua, Tierra, Fuego, Aire.
Tengo una espada de color azul en la mano derecha y corro hacia una
persona que no reconozco, tiene ojos verdes llamativos y su rostro
denota miedo, me odio a mi mismo para, acto seguido, detener mi carrera:
''Lo... lo lamento yo... yo no quería...'' digo y lanzo mi arma lejos;
el joven de los ojos verdes muestra su arco y flecha escondido detrás
suyo y me dispara en el pecho, despierto en mi cama agitado. Falta poco
para la hora de despertar así que me preparo. La camisa de mi padre
vuelve a estar seca luego de haberla lavado antes de dormir, me vuelvo a
vestir con ella, un pantalón negro y zapatos artesanales hechos por mi
madre en su trabajo. Escucho ruidos en la planta de abajo, debe ser mi
madre preparando el desayuno. Bajo las escaleras trotando deprisa,
extiendo mis manos y la abrazo con vigor. - Siéntate, te serviré café y
ahí tienes pan caliente recién hecho. Hoy me levanté más temprano, debes
alimentarte bien hijo -. me dice ocultando una gran intranquilidad. Le
agradezco y me zampo el café y un trozo de pan. No es tarde pero quiero
estar ahí un poco antes así que decido salir, tomo mi abrigo y la abrazo
una vez más. - Tengo algo para ti. -. Va hasta su habitación, la sigo y
veo como de debajo de su almohada saca una trenza de hilo negro y rojo
tejida y larga. - Es para ti. - Continúa. - Era de tu padre antes de
transformarse en un Hércules, llévala con honor, y como recordatorio. -.
Quiero preguntar que se supone que tengo que recordar, pueden ser
muchas cosas, pero no lo hago y solo memorizo cada instante en mi mente.
Aunque siempre haya sido amorosa y atenta jamás me había tratado como
un hombre. Me toma el brazo para atarme la trenza pero la aparto con
delicadeza, la tomo, y me la ato en mi frente. Sonríe y dejo escapar una
oración simple pero concisa: ''Estaré bien, pasé lo que pase, lo
prometo''. Corro hasta mi habitación y me lanzo a toda velocidad hacia
la soga, cayendo como un peso muerto mientras me deslizo por ella. Está
claro que llevar mi bicicleta no es buena idea así que decido ir a pie.
No hace tanto frío como ayer, pero está fresco, aunque el sol que
aparece de vez en cuando entre las nubes hace que no se sienta tanto.
Estoy a punto de llegar y me tiemblan las manos, podría ser por miedo
pero no estoy experimentando esa emoción, no podría de definir que lo
produce con claridad. Suena el clorión, un instrumento de viento
hecho de madera creado en el Bosque, tiene un sonido agudo muy fuerte,
como el grito de una mujer -jamás me ha gustado-. ''Es el llamado'',
exclamo en voz alta y veo como varios chicos atrás mio corren hasta el
circulo con el dibujo del árbol de la vida en el centro de la
ciudad. Los sigo, dos de ellos son de mi clase, Albert y Edison, apenas
me hablo con ellos y con su grupo de bárbaros. Cuando llego al círculo
están todos separados ya en grupos pero no veo a los jinetes. Me
posiciono en el mío, está claro que faltan algunos. Mis dos compañeros
de clase están detrás mio y se ríen burlándose de alguien, me alegraría
mucho que alguna prueba sea lanzamiento de dagas y que ellos estén como
blancos. Aparto mis pensamientos homicidas y extiendo mis brazos
agitándolos en el aire cuando veo a Marco y a Sebastián junto a Nube y
Alma del otro lado. Corren hacia mi y -luego de cálidos saludos- nos
deseamos suerte. - ¿dónde haz estado ayer Alma? -. suelto sin más. -
Necesitaba tiempo a solas, ya sabes, cosas de chicas -. Contesta
esbozando una sonrisa tenue. Marco me abraza de atrás y exclama,
directo: Hora de irse a su grupo muchachas, ¡empieza la acción! -.
-Espero que no... -. Comenta Nube entre dientes y se alejan. Mis dos
amigos y yo estamos en nuestros lugares. Faltan unos minutos para la
llegada de los jinetes así que tomamos nota de nuestro al rededor. Como
ayer hay 6 grupos, tres de hombre y tres de mujeres, separados por la
edad de 16, 17 y 18 años respectivamente. Está repleto de personas por
fuera de la circunferencia, es curioso como en años anteriores lo que
resultaba una fiesta ahora parece ser una preocupación. Mis pensamientos
se nublan al volver a sonar el clorión y me pongo firme junto a
los demás. Se escuchan trotes desde lejos, aparecen los jinetes
encabezado por Hector, o como me gusta llamarlo, el gato. Sus rostros
parecen duros a diferencia de ayer, eso hace que se me pongan los pelos
de punta. Cuando creía que estaba a punto de hablar el jefe de los
jinetes se escucha una voz mucha más grave que la de éste. - Bienvenidos
al primer día de elección. Mi nombre es Sigmun Alarden. No necesitan
saber nada más de mi más que no perdonaré la cobardía, la indulgencia,
la estupidez y soberbia. Ahora, como primera regla, los grupos por
edades se mezclarán entre sí. ¡Vamos, vamos, vamos! Ahora, formen dos
grupos de cada genero -. Éste hombre me da miedo, aunque no sé si es por
su voz potente y grave, por su ancha espalda o por su horrible barba
recortada. Me muevo de aquí para allá sin saber a donde ir, así que
luego de unos momentos parado me dirijo hacia el de la derecha. Veo
hacia atrás, Marco sigue en mi grupo al igual que Sebastián, con la
diferencia que el primero sonríe y el otro mira disimuladamente el
suelo. - Bien... ahora es mi turno -. Prosigue un Hércules más joven que
los otros dos -el que parece desarmado-, de cabello castaño oscuro
-alborotado-, ojos miel y una voz peculiar que no encaja con el resto de
sus compañeros, es suave y melodiosa, incluso transmite tranquilidad al
hablar.- Mi nombre es Astral, y soy un Hércules hechicero. -.
¿hechicero? el único Hércules hechicero que conocí fue mi abuelo, y
apenas lo veo. Una sensación extraña sube desde mis pies hasta mi pecho,
y me hace sonreír. Lo escucho atentamente. - Las cuatro primeras etapas
de las elecciones constan de habilidad, y las ultimas dos no tengo
permitido especificarselas, pero tranquilos, no hay de que preocuparse.
-. Cuatro grupos, dos femeninos, dos masculinos, todos mezclados por
edad. Interesante, aunque la verdad no se nota demasiado la diferencia. -
El grupo izquierdo de mujeres, se llamará Aire, el de la derecha... Fuego. Grupo de hombres, el de mi derecha será Tierra, el de mi izquierda, Agua.
-. Bueno, no creo que cambien mucho las cosas los nombres de cada
grupo, solo es para diferenciarnos, aunque la idea me gusta. Grupo
Agua... no está mal. Escucho gruñir detrás mio a Marco, quien quería ser
fuego, me río por lo bajo. Astral continua, y ésta vez concluye. -
Queremos unas elecciones limpias, con honor y valentía. Den lo mejor de
ustedes, y se los recompensaremos. Cada grupo será dirigido por dos de
nosotros. Los dos que quedan restantes se ocuparan de las ultimas dos
pruebas. Muchas gracias. -. Astral se acerca, ¡es nuestro! aunque no
puedo disfrutar demasiado, viene con él Sigmun... menuda suerte. Suena
por ultima vez el clorión, por fin hora de comenzar. La gente
vitorea y los grupos con nuestros respectivos Hércules somos dirigidos
cada uno a nuestra primer prueba. No sé que nos espera, pero hay algo
que no puedo negar, es la primera vez que me siento completamente vivo.
BENJAMIN THEMIFORZS: Capítulo dos, Los Hércules
- Jóvenes del Bosque Índigo del Sur. Denle la
bienvenida a ¡Los Hércules! -. La gente de los comercios y muchos
curiosos y familiares vitorean, otros solo miran expectantes. El circulo
se abre y entran diez jinetes encabezado por un hombre de cabello negro
y ojos amarillos como los de un gato. Gato, me referiré a el como, el
gato. Sus vestimentas son negras y rojas, como la sangre, y al contrario
como los imaginaba, no son muy grandes aunque si atléticos y altos.
Algunos tienen espadas, otros largos bastones en sus espaldas, dos
tienen arcos y flechas y solo uno baja del caballo desarmado. Miro las
copas de los árboles al rededor: todos los vecinos de la zona mirando
por sus ventanas, incluso muchos están sentados en las ramas.
El hombre gato habla, todos estamos en silencio. - Es un placer conocerlos, a todos ustedes, hemos venido para la selección anual de miembros, con el requisito de que éste año todos los jóvenes (obligatoriamente) por decreto de la unida en equilibrio e igualdad participen de la selección. -. Luego nos separan según el genero y según la edad. Somos jóvenes de 16 a 18 años, por lo tanto hay tres grupos de mujeres y tres de hombres, yo estoy en el del medio de éstos últimos. - Este año las pruebas van a ser un tanto diferentes. Cambios grandes requieren cambios pequeños, y decidimos esto guiándonos por los enfrentamientos actuales de la región y los exteriores. Las pruebas serán más duras que en años anteriores, así que mantengan la calma. Constará de seis etapas las cuales serán realizadas con sus respectivos grupos, y cada una de ellas estará ubicada en una zona diferente del bosque y sus alrededores. -. Estoy nervioso, no puedo negarlo, pero por mi cuerpo se siente una oleada de energía que me hace templar. Se siente... bien pero me asusta. Salgo de mis pensamientos y miro al rededor, más allá de mi grupo y los demás, la gente parece preocupada, demasiado. El cambio de reglas no habrá caído para nada bien, incluso dejaron de vitorear y celebrar, de vez en cuando se escuchan algunos sonidos de pesar, negación y sorpresa. A los Hércules no parece importarles en lo más mínimo, acto seguido el hombre gato continúa con su discurso. - Mi nombre es Hector Benig, y soy el general encargado de ésta misión de reclutamiento. En primera instancia les rogamos que vuelvan a sus hogares, mañana empezaremos con las pruebas y necesitamos que tengan un día de reflexión y preparación. Mañana los volveremos a ver al amanecer. Muchas gracias. -. Los aplausos son débiles, y todos los jóvenes nos dispersamos por todas partes. Mi madre llega corriendo junto a mi hermana, al no haber estado se preocupa por el ambiente y la energía de alrededor e intento tranquilizarla. Veo pasar a los Hércules y nos abrimos dejando un camino estrecho, pero lo suficiente para que pasen. Se dirigen al gran árbol a unos metros del centro del bosque, donde hay cabañas lujosas para visitas importantes del exterior. Respiro hondo y le cuento todo a mi madre.
Unas horas más tarde me reúno con algunos amigos del centro de formación al ciudadano -como se llama desde hace dos años por la unidad en equilibro e igualdad, preferimos seguir llamándola escuela-. Somos cuatro, es extraño que Alma no haya llegado aún. Estamos sentados en una rama larga y fuerte a pocos metros del piso,alejados de los comercios y las casas, un poco más en las entrañas de índigo. Nos gusta éste sitio y nos juntamos aquí desde niños. Siempre que salimos de la escuela venimos aquí. Éste es nuestro ultimo año por lo que las charlas hoy en día siempre reflotan recuerdos y risas, y al mismo tiempo nostalgias.
Marco está colgado con las piernas enganchadas en una rama adyacente, Nube sostiene una vara y la golpea contra el viento haciendo sonidos cortantes y Sebastián se limita a mirar el cielo, recostado, pensativo. Hoy el aire se puede cortar con una espada por lo que suelto lo más obvio para romper el silencio.
- ¿Nerviosos? -. digo, con una sonrisa que a Nube parece no agradarle por su expresión.
- Tu y Marco parecen los únicos contentos con todo ésto. Detesto que me obliguen a accionar en algo ¿Y si no quiero hacer esas estúpidas pruebas de actitud? ¿Que van a hacerme? ¿Latigarme? ¿Prenderme fuego? ¿Batirme a duelo con sus largas y ensangrentadas espadas? Oh... o quizá me lancen algún hechizo, sí, y me hagan levitar por los aires hasta caer por el acantilado de los caídos. - me gruñe Nube, y mi sonrisa desaparece. Marco da una vuelta rápida en la rama y se sienta con las piernas cruzadas, deja escapar una risa contagiosa aunque la repelo.
- Hey, tranquila Nube, estás reflejando tu ira hacia los Hércules en Ben. - Me defiende Sebastián saliendo de su trance. - Lo lamento Ben, es cierto, es solo que... estoy muy preocupada con todo ésto. - Responde ella arrepentida y me acerco para abrazarla y recostar mi cabeza en su falda.
- También tengo miedo, no puedo negarlo. Esto de las nuevas pruebas... no sé, algo no me cierra del todo. Además no son los mismos Hércules de los años anteriores. De cualquiera forma no puedo negar que la experiencia me llena de vigor. - digo explicativo.
- Me pasa lo mismo - dice Marco sonriendo. - Muero de ganas de salir de éste bosque lo antes posible, si no quedo entre los elegidos lo haré por mi cuenta el año próximo. -. Creo que es claro con su postura, si bien soy rebelde y un poco veraz está claro que Marco duplica esas características mías. Seguimos hablando de lo sucedido en el círculo, de nuestros miedos y expectativas. No tenemos clases hasta el final de las elecciones así que disfrutamos el tiempo libre, aunque cuanto más se acerca la noche más nos cargamos de ansiedad. Cuando empieza a esconderse el sol regresamos a nuestros hogares. Alma se habrá quedado con sus padres, es muy apegada a ellos, pero en especial a su hermano pequeño.
Al llegar a casa mi madre me espera con la mesa servida, mi hermana corre y me abraza -y aunque pequeña- con mucha fuerza. Nos sentamos en la mesa y nos trae la comida caliente: estofado de carne con espárragos, papas y zanahoria. Cierro los ojos unos momentos para oler su fragancia y empezamos a comer. Sé que mi madre no está bien, la conozco demasiado. - No te preocupes madre, no pasará nada. Además si quedo podré venir a menudo, los seleccionados no irán a la guerra, solo entrenaran para ser parte de las fuerzas, seguridad o muchos otros puestos que quizá sean importantes para mi y mi futuro. - digo para tranquilizarla. - Lo sé hijo, es que no quiero que te vayas, no tan pronto. Todo el bosque está preocupado por sus hijos, no soy solo yo. Estos cambios repentinos que me cuentas, las pruebas, los jinetes, todo ésto me resultar extraño y más en los agitados tiempos que estamos viviendo. -. Tomo un sorbo de estofado, está delicioso aunque parece amargo escuchando las palabras de mi madre. Luego de la cena y de una larga charla, termina más tranquila pero su preocupación persiste. Me da un beso en la frente y se va a dormir junto a mi hermana, mañana trabaja temprano y la pequeña si tiene escuela. Aunque es más reservada la dulce Clara mira a mi madre y a mí con cara neutra pero con ojos de preocupación, desde la muerte de mi padre parece autoconvencerse de una fuerza que no tiene para sostener a mi madre, o tal vez hasta a mi, por lo que ante los miedos y preocupaciones adopta una rostro incorruptible sin dejar su ternura de lado, lo que resulta un trabajo innecesario y agotador para una niña de nueve años. Una vez en mi habitación me doy otro baño caliente y me hundo en el agua. Miro el techo de madera lisa y brillante, esperando que la noche pase rápido, que los resultados se den deprisa. Salgo, me cambio y me acuesto de nuevo con el cabello mojado. Mañana será un largo día.
El hombre gato habla, todos estamos en silencio. - Es un placer conocerlos, a todos ustedes, hemos venido para la selección anual de miembros, con el requisito de que éste año todos los jóvenes (obligatoriamente) por decreto de la unida en equilibrio e igualdad participen de la selección. -. Luego nos separan según el genero y según la edad. Somos jóvenes de 16 a 18 años, por lo tanto hay tres grupos de mujeres y tres de hombres, yo estoy en el del medio de éstos últimos. - Este año las pruebas van a ser un tanto diferentes. Cambios grandes requieren cambios pequeños, y decidimos esto guiándonos por los enfrentamientos actuales de la región y los exteriores. Las pruebas serán más duras que en años anteriores, así que mantengan la calma. Constará de seis etapas las cuales serán realizadas con sus respectivos grupos, y cada una de ellas estará ubicada en una zona diferente del bosque y sus alrededores. -. Estoy nervioso, no puedo negarlo, pero por mi cuerpo se siente una oleada de energía que me hace templar. Se siente... bien pero me asusta. Salgo de mis pensamientos y miro al rededor, más allá de mi grupo y los demás, la gente parece preocupada, demasiado. El cambio de reglas no habrá caído para nada bien, incluso dejaron de vitorear y celebrar, de vez en cuando se escuchan algunos sonidos de pesar, negación y sorpresa. A los Hércules no parece importarles en lo más mínimo, acto seguido el hombre gato continúa con su discurso. - Mi nombre es Hector Benig, y soy el general encargado de ésta misión de reclutamiento. En primera instancia les rogamos que vuelvan a sus hogares, mañana empezaremos con las pruebas y necesitamos que tengan un día de reflexión y preparación. Mañana los volveremos a ver al amanecer. Muchas gracias. -. Los aplausos son débiles, y todos los jóvenes nos dispersamos por todas partes. Mi madre llega corriendo junto a mi hermana, al no haber estado se preocupa por el ambiente y la energía de alrededor e intento tranquilizarla. Veo pasar a los Hércules y nos abrimos dejando un camino estrecho, pero lo suficiente para que pasen. Se dirigen al gran árbol a unos metros del centro del bosque, donde hay cabañas lujosas para visitas importantes del exterior. Respiro hondo y le cuento todo a mi madre.
Unas horas más tarde me reúno con algunos amigos del centro de formación al ciudadano -como se llama desde hace dos años por la unidad en equilibro e igualdad, preferimos seguir llamándola escuela-. Somos cuatro, es extraño que Alma no haya llegado aún. Estamos sentados en una rama larga y fuerte a pocos metros del piso,alejados de los comercios y las casas, un poco más en las entrañas de índigo. Nos gusta éste sitio y nos juntamos aquí desde niños. Siempre que salimos de la escuela venimos aquí. Éste es nuestro ultimo año por lo que las charlas hoy en día siempre reflotan recuerdos y risas, y al mismo tiempo nostalgias.
Marco está colgado con las piernas enganchadas en una rama adyacente, Nube sostiene una vara y la golpea contra el viento haciendo sonidos cortantes y Sebastián se limita a mirar el cielo, recostado, pensativo. Hoy el aire se puede cortar con una espada por lo que suelto lo más obvio para romper el silencio.
- ¿Nerviosos? -. digo, con una sonrisa que a Nube parece no agradarle por su expresión.
- Tu y Marco parecen los únicos contentos con todo ésto. Detesto que me obliguen a accionar en algo ¿Y si no quiero hacer esas estúpidas pruebas de actitud? ¿Que van a hacerme? ¿Latigarme? ¿Prenderme fuego? ¿Batirme a duelo con sus largas y ensangrentadas espadas? Oh... o quizá me lancen algún hechizo, sí, y me hagan levitar por los aires hasta caer por el acantilado de los caídos. - me gruñe Nube, y mi sonrisa desaparece. Marco da una vuelta rápida en la rama y se sienta con las piernas cruzadas, deja escapar una risa contagiosa aunque la repelo.
- Hey, tranquila Nube, estás reflejando tu ira hacia los Hércules en Ben. - Me defiende Sebastián saliendo de su trance. - Lo lamento Ben, es cierto, es solo que... estoy muy preocupada con todo ésto. - Responde ella arrepentida y me acerco para abrazarla y recostar mi cabeza en su falda.
- También tengo miedo, no puedo negarlo. Esto de las nuevas pruebas... no sé, algo no me cierra del todo. Además no son los mismos Hércules de los años anteriores. De cualquiera forma no puedo negar que la experiencia me llena de vigor. - digo explicativo.
- Me pasa lo mismo - dice Marco sonriendo. - Muero de ganas de salir de éste bosque lo antes posible, si no quedo entre los elegidos lo haré por mi cuenta el año próximo. -. Creo que es claro con su postura, si bien soy rebelde y un poco veraz está claro que Marco duplica esas características mías. Seguimos hablando de lo sucedido en el círculo, de nuestros miedos y expectativas. No tenemos clases hasta el final de las elecciones así que disfrutamos el tiempo libre, aunque cuanto más se acerca la noche más nos cargamos de ansiedad. Cuando empieza a esconderse el sol regresamos a nuestros hogares. Alma se habrá quedado con sus padres, es muy apegada a ellos, pero en especial a su hermano pequeño.
Al llegar a casa mi madre me espera con la mesa servida, mi hermana corre y me abraza -y aunque pequeña- con mucha fuerza. Nos sentamos en la mesa y nos trae la comida caliente: estofado de carne con espárragos, papas y zanahoria. Cierro los ojos unos momentos para oler su fragancia y empezamos a comer. Sé que mi madre no está bien, la conozco demasiado. - No te preocupes madre, no pasará nada. Además si quedo podré venir a menudo, los seleccionados no irán a la guerra, solo entrenaran para ser parte de las fuerzas, seguridad o muchos otros puestos que quizá sean importantes para mi y mi futuro. - digo para tranquilizarla. - Lo sé hijo, es que no quiero que te vayas, no tan pronto. Todo el bosque está preocupado por sus hijos, no soy solo yo. Estos cambios repentinos que me cuentas, las pruebas, los jinetes, todo ésto me resultar extraño y más en los agitados tiempos que estamos viviendo. -. Tomo un sorbo de estofado, está delicioso aunque parece amargo escuchando las palabras de mi madre. Luego de la cena y de una larga charla, termina más tranquila pero su preocupación persiste. Me da un beso en la frente y se va a dormir junto a mi hermana, mañana trabaja temprano y la pequeña si tiene escuela. Aunque es más reservada la dulce Clara mira a mi madre y a mí con cara neutra pero con ojos de preocupación, desde la muerte de mi padre parece autoconvencerse de una fuerza que no tiene para sostener a mi madre, o tal vez hasta a mi, por lo que ante los miedos y preocupaciones adopta una rostro incorruptible sin dejar su ternura de lado, lo que resulta un trabajo innecesario y agotador para una niña de nueve años. Una vez en mi habitación me doy otro baño caliente y me hundo en el agua. Miro el techo de madera lisa y brillante, esperando que la noche pase rápido, que los resultados se den deprisa. Salgo, me cambio y me acuesto de nuevo con el cabello mojado. Mañana será un largo día.
BENJAMIN THEMIFORZS: Capítulo uno, El bosque índigo
Hay una luz muy fuerte impactando de lleno en mi rostro. No veo
absolutamente nada pero me niego a cerrar los ojos. Se siente bien,
cálida. Hay una mujer de cabello canoso, pero en su rostro se ve
juventud y templanza. Me acerco a ella dando tumbos ya que mis piernas
no responden correctamente por alguna extraña razón, y cuando ya estoy a
metros... caigo. Desde el suelo la observo. Me extiende una mano y yo
lo hago con la mía, pero se aleja a toda velocidad como si algo la
absorbiera cambiando su expresión a una de desesperación, todo al
rededor da vueltas y el piso se hace aire, empezando a caer en la nada;
despierto en mi cama con el cuerpo entumecido por el frío de invierno.
Ese sueño fue muy real pero no le doy demasiada importancia. Todavía es
de noche, me levanto torpemente con los ojos entrecerrados para cerrar
la ventana que parece haberse abierto por el viento, y me dejo caer en
la cama, pensativo. Claramente no voy a poder volver a dormir, así que
voy al baño y me higienizo. Me quedo mirándome en el espejo unos momentos,
tengo mis pelos despeinados por la almohada, los ojos grises
entrecerrados, y mi mechón blanco -desubicado de nacimiento- termina en
un rulo peculiar. Me mojo el pelo y lo vuelvo a despeinar. - ¿como es su
nombre? -empiezo a hablarle al espejo- - Benjamín, Benjamín Themiforzs,
señor. - ¿Benjamín, ah? -. Me siento un poco estúpido hablando solo y
simulando a uno de los guerreros Hércules preguntando mi nombre. Llegan
al amanecer, y tengo que estar preparado aunque podría haber dormido un
poco más. Mi madre y mi hermana todavía duermen, aunque no estoy del
todo seguro, ayer estaban muy preocupadas por la visita de los ''chicos
rudos'' como los llama mi abuela; justo ahí resuenan las palabras que me
dijo hace una semana antes de irse como sanadora a un pueblo del sur, Barkeing, cerca del acantilado de los caídos.
- Lindo nombre - digo al aire, y recito sus dichos en mi mente: ''Trata
de no destacar, te necesitan en tu hogar, son tiempos difíciles para
convertirte en uno de ellos, Ben''. Es muy sabia, así que voy a tenerlo
en cuenta, por lo menos hoy. Toda su vida se dedico a la magia blanca,
es una de las mejores sanadoras de la región sur, y a pesar de su edad
aparenta mucho menos. En nuestro casa, construida en uno de los árboles
más bonitos del bosque, ella vive en el primer piso, mientras que mi
hermana y mi madre yacen en el segundo, y yo -aunque en un lugar más
pequeño- en el tercero y ultimo, muy cerca de la copa. Me acerco a la
ventana y me apoyo en la madera; el paisaje no podría ser más hermoso,
arboles por todas partes, montañas a lo lejos, y las luces de las casas
-como luciérnagas- por la oscuridad del bosque. Las copas se mueven por
el viento, me quedo mirando un punto fijo, hipnotizado, y me voy a
preparar. No estoy seguro de como vestirme, supongo que tengo que dar
una buena primera impresión, quede o no, más allá de los dichos de mi
abuela. ¿Cómodo, o elegante? Me golpeo débilmente la cabeza cuando me
corrijo: ¿Quieres vestir elegante para guerreros que te ponen a prueba?,
el sentido común no es algo en lo que destaco. Una camisa oscura, la
única prenda que tengo en mi habitación que era de mi padre, es suelta y
cómoda, perfecta. Me doy un baño de agua caliente, prendiendo llamas
débiles con un hechizo tan sencillo que hasta un niño pequeño podría
hacerlo. Trato de bloquear el recuerdo que viene a mi mente, a unas
cuantas copas al sur, un niño curioso prendió fuego su casa con uno de
éstos. ''La magia no es un arte para mentes débiles'' decía mi padre. Ya
estoy casi listo, me calzo y me doy cuenta que es muy temprano aún. Me
recuesto con los pelos húmedos en mi cama y creo una chispa de luz
mágica con la mano derecha, no ilumina más que la luz que daría la llama
de una vela aunque es brillante, y la hago bailar de ahí hacia allá por
la oscuridad dibujando figuras hasta que me duermo.
- ¡Benjamin! Nos hemos quedado dormidos, hora de irte, o vas a llegar tarde. ¿Ya te haz cambiado? Oh... no he dicho nada. Te acompañaré hasta... - No, mamá, en serio, puedo hacerlo solo, no te tomes esa molestia. - De acuerdo Ben, solo ten cuidado ¿si? y recuerda las palabras de... - Tu abuela, si madre, las recuerdo... ¿y lo que yo quiero? (Debo admitir que suena insolente, pero jamás lo soy con mi madre, ella intenta soltar unas palabras de empatía). - Bien, amor, solo se tu mismo y que los dioses te guíen a buen puerto. Ahora ve, vamos.
Me mojo la cara y salto por la ventana bajando deprisa con la cuerda de siempre: ''¡Ben, vamos, puedes lastimarte, usa las escal...'', escaleras, usa las escaleras, suena loco pero hasta pude notar un poco de diversión en sus gritos. Cuando toco el suelo siento una energía a la que no estoy acostumbrado, y corro en dirección a la plaza central ubicada justo a mitad del bosque. Me subo a mi bicicleta escondida en un arbusto y pedaleo como un caballo salvaje. El viento golpea mi rostro y se siente tan frío como meterse en agua helada, de cualquier forma no me importa. El sol ya salió cuando llego y veo como están unos cien jóvenes de mi edad en fila, casi completando la circunferencia donde está el dibujo del Árbol de la vida pintado en piedras en el suelo. Dejo la bicicleta en otro arbusto y corro hasta un extremo, al lado de un chico de rizos dorados el cual parece muy nervioso. Sus nervios tendrían que contagiarme pero me dan una extraña seguridad. -¿Donde están los Hércules? - le pregunto aunque jamás lo había visto en mi vida, y eso que en el bosque solemos conocernos entre todos. - No lo sé, ya tendrían que estar aquí. Solo espero que sea rápido... e... indoloro. -. Nos reímos y sus nervios se apagan un poco. Cuando estoy a punto de preguntarle como hace para ir por la vida con esa horrible cabellera escucho una voz tan potente que me hiela la sangre, y me pongo rígido mirando al centro.
- ¡Benjamin! Nos hemos quedado dormidos, hora de irte, o vas a llegar tarde. ¿Ya te haz cambiado? Oh... no he dicho nada. Te acompañaré hasta... - No, mamá, en serio, puedo hacerlo solo, no te tomes esa molestia. - De acuerdo Ben, solo ten cuidado ¿si? y recuerda las palabras de... - Tu abuela, si madre, las recuerdo... ¿y lo que yo quiero? (Debo admitir que suena insolente, pero jamás lo soy con mi madre, ella intenta soltar unas palabras de empatía). - Bien, amor, solo se tu mismo y que los dioses te guíen a buen puerto. Ahora ve, vamos.
Me mojo la cara y salto por la ventana bajando deprisa con la cuerda de siempre: ''¡Ben, vamos, puedes lastimarte, usa las escal...'', escaleras, usa las escaleras, suena loco pero hasta pude notar un poco de diversión en sus gritos. Cuando toco el suelo siento una energía a la que no estoy acostumbrado, y corro en dirección a la plaza central ubicada justo a mitad del bosque. Me subo a mi bicicleta escondida en un arbusto y pedaleo como un caballo salvaje. El viento golpea mi rostro y se siente tan frío como meterse en agua helada, de cualquier forma no me importa. El sol ya salió cuando llego y veo como están unos cien jóvenes de mi edad en fila, casi completando la circunferencia donde está el dibujo del Árbol de la vida pintado en piedras en el suelo. Dejo la bicicleta en otro arbusto y corro hasta un extremo, al lado de un chico de rizos dorados el cual parece muy nervioso. Sus nervios tendrían que contagiarme pero me dan una extraña seguridad. -¿Donde están los Hércules? - le pregunto aunque jamás lo había visto en mi vida, y eso que en el bosque solemos conocernos entre todos. - No lo sé, ya tendrían que estar aquí. Solo espero que sea rápido... e... indoloro. -. Nos reímos y sus nervios se apagan un poco. Cuando estoy a punto de preguntarle como hace para ir por la vida con esa horrible cabellera escucho una voz tan potente que me hiela la sangre, y me pongo rígido mirando al centro.
domingo, 6 de julio de 2014
Espiritus
Luz -la paz y el amor- nació junto a oscuridad -el caos y el odio-. Los dos se mantenían unidos por un fino lazo de amor que les otorgaba equilibro a ellos y a su alrededor ''¿No escuchas los sollozos del tiempo?'' Denuncia, grita y vuelva a denunciar. Están arriba y los vigilan, mientras tanto la inocencia juega en el prado cercando a la unión entre el mundo físico y el espiritual.
Viste un vestido índigo, el que hace girar insaciable, feliz. Su sonrisa infantil inunda ternura a cada semblante. Los espíritus -todavía ocultos- giran a su alrededor, danzan brillando entre las flores, se respira perfume a lirios mientras el sol cubre una totalidad casi detenida en el tiempo, un instante suspendido en el cosmos, el tintineo de la bondad. Dos pasos más, tres pasos distantes, el bosque al que estaba prohibido entrar abre sus puertas. ''Juguemos''. Siguió a la chispa de luz alada, campante y serena, misteriosa, dirigiéndose dentro la espesura. Los espíritus del prado gritaban pero ella no podía oírlos, algunos intentaban detenerla colocándose desesperados frente a su figura, sin éxito, imperceptibles. ''Shh...'' la callaba la chispa mientras daba giros en el aire, dejando vestigios de luz. La pequeña sonreía y continuaba embadurnándose de la naturaleza extraña del bosque. ''¡Hey!'', ''No, no'', ''Por favor, no'', ''Vuelve'', ''Ten cuidado''. Algunos de los espíritus del prado -inquietos y preocupados- se atrevieron a entrar en el bosque por primera vez para traerla de vuelva. Al cruzar el límite que le daba comienzo al bosque tomaron formas visibles; un halcón de alas plateadas, un tigre blanco y dorado, un búho anciano -sabio y majestuoso- , un caballo indomable -radiante- y un colibrí azulado, todos flotando entre la penumbra, guiados por las melodiosas risitas de la pequeña, dejando atrás a los que no se atrevieron a entrar.
''¿Crees que vayan a estar bien? Tal vez no sea buena idea que todos...'' Se detiene, y siguen observando desde sus altares.
''Ahí está'' comparte el halcón desde las alturas, los demás asienten y van directo hacia su ubicación, evitando cualquier contacto con su alrededor. Inocencia estaba cantando sobre una gran y plana piedra en el centro de un circulo de pastos quemados. El búho se detuvo pensativo, nervioso, mirando el trazo de la circunferencia. Acto seguido el caballo corre hacia ella chocando con una pared invisible hecha de sombras. Empieza a romper en gritos de impotencia, mientras continúa chocando, una y otra vez. El colibrí lo sigue mientras el tigre mira al búho, inmóvil. El halcón se hace torbellino y choca frenético, el muro ni se inmuta. ''Ya basta'' sienten comunicarse. ''Tiene que haber otra forma''.
-Tambores-. Un oso oscuro como la noche se hace presente ante ellos, sus ojos violetas -sin brillo- apuntan al sabio. ''Es nuestra''. Raíces salen de todas partes, los árboles embisten con sus ramas, envuelven a todos menos al colibrí, que al llorar empieza a apagarse junto a los demás. Almas llenas de ira y temor salen de todo lugar, pegándose a sus energías, a sus puras y vulnerables esencias. Las estaban matando lentamente -Tambores-.
El pequeño ave volaba hacia atrás y hacia adelante. Confuso va lo más alto que puede pidiendo ayuda, simulando una flecha encendía hacia el cielo, iluminándose lo más que puede. Inocencia lo ve, y sonríe. Señala su presencia y se lo anuncia a la chispa de luz alada, que estaba girando enérgica. ''Tranquila, va a estar bien''. Sus ojos bondadosos dudan y baja la mirada hasta encontrar a sus espíritus amigos enredados y muriendo entre la espesura del bosque. Inocencia corre hacia ellos pero la chispa de luz se pone frente y la empuja hacia atrás. Sombras salen y se colocan a su alrededor comenzando a mirarla -con ojos rojos, violetas y verdosos-, y chispa se opaca transformándose en un hombre esbelto y de rasgos duros como las rocas, su aspecto pálido y ojos muertos la hicieron retroceder. Inocencia lloró por primera vez desde su nacimiento. Los espíritus del prado lo sintieron desde afuera, comenzando a llorar con ella. El hombre se sube a la roca y goza de su sufrimiento, él y las sombras se hacían más y más grandes. El bosque crecía.
''Ya basta, no puedo soportarlo más...'' Pero continuaron mirando sin hacer nada, con sus manos entrelazadas, era un silencio incomodo, nervioso.
El búho, el caballo, el halcón y el tigre miran a inocencia mientras su cuerpo pierde color. El colibrí se mantiene alejado, en lo más alto, observando como el odio crecía entre los espíritus. El mentiroso ente de falsa luz caminó hacia la niña y la tomó del brazo, al tocarla su mano se volvió fría y pálida. El bosque reía. Las sombras también. La niña quedó suspendida en los aires, perdiendo su luz lentamente.
-Tambores, gritos, tambores, risas, tambores, dolor, tambores-. El cuerpo de la niña estaba casi sin vida. El colibrí tomó coraje, y llorando se arremetió entre las ramas, intentando salvar a sus camaradas. Una y otra vez esquivaba las garras del bosque, pero no podía liberarlos. Hubo silencio sepulcral, el búho sede. Mira a los demás, lo lamenta y desaparece en chispas de luz hacia la tierra. ''¡No!''
El sonido de un Erhu colmó el lugar opacando a los tambores, todos los otros espíritus de luz del prado entraron desde diferentes lugares, pero era tarde. Colibrí gritó por primera vez en esa existencia. ''Nunca te dejes oscurecer por nada ni nadie'' -Tigre se despide con una sonrisa-. Sus alas crecieron, su cola también, se volvió un Quetzal. ''En la luz encontraras la calma'' - Halcón chilla y desaparece-. Sus patas se hicieron fuertes, al igual que su pico, se volvió un águila. ''Brilla, en lo alto, como estás destinado'' -El radiante caballo mira con ternura, y muere- Todo su cuerpo brilló con fulgor, las ramas cedían ante su luz. Como dragón voló y desplegó sus alas alejando toda sombra aledaña. Los espíritus guías lo observaron renacer. El muro de sombras desapareció. La luz observó como la oscuridad daba fin a la inocencia. La niña cae muerta en la fría piedra. -Tambores y un Erhu-. El dragón y los demás volaron hasta el centro del circulo. Las sombras desaparecían terminando como chispas rojas (renaciendo como una pequeña gota imperceptible de luz), el hombre se resistía hasta los últimos momento, y cuando estaba apunto de fusionarse con la niña el dragón se interpuso en su camino y lo hizo por él. Inocencia floto varios metros. Los espíritus de luz empezaron a girar a su alrededor, incluso los nuevos. Luego, bajó y abrió sus ojos, primero blancos completamente y luego volviendo a tomar su color avellana. El hombre la reconoció como su hija. Sintió amor por primera vez en esa existencia. Estalló en llamas.
La niña se descalzó y tocó la tierra con tus pies, el bosque empezó a iluminarse, los arboles revivían, por dentro y por fuera, las hojas -vivas y brillantes- culminaban en agradecimientos. Bastó una sonrisa para hacer abrir el cielo y hacer brillar el sol de nuevo.
El dragón salió del cuerpo. ''Te lo agradecemos mucho'' le dijo a inocencia, y voló hacia las nubes. Con el corazón del caballo, la sabiduría del búho, el poder del tigre, la valentía del halcón y la bondad del pequeño colibrí.
''Entonces... ¿todo ésto ya lo sabias? ¿por qué no me lo dijiste antes?'' -entre risas, contestó: ''No se de que estás hablando, querida''
Viste un vestido índigo, el que hace girar insaciable, feliz. Su sonrisa infantil inunda ternura a cada semblante. Los espíritus -todavía ocultos- giran a su alrededor, danzan brillando entre las flores, se respira perfume a lirios mientras el sol cubre una totalidad casi detenida en el tiempo, un instante suspendido en el cosmos, el tintineo de la bondad. Dos pasos más, tres pasos distantes, el bosque al que estaba prohibido entrar abre sus puertas. ''Juguemos''. Siguió a la chispa de luz alada, campante y serena, misteriosa, dirigiéndose dentro la espesura. Los espíritus del prado gritaban pero ella no podía oírlos, algunos intentaban detenerla colocándose desesperados frente a su figura, sin éxito, imperceptibles. ''Shh...'' la callaba la chispa mientras daba giros en el aire, dejando vestigios de luz. La pequeña sonreía y continuaba embadurnándose de la naturaleza extraña del bosque. ''¡Hey!'', ''No, no'', ''Por favor, no'', ''Vuelve'', ''Ten cuidado''. Algunos de los espíritus del prado -inquietos y preocupados- se atrevieron a entrar en el bosque por primera vez para traerla de vuelva. Al cruzar el límite que le daba comienzo al bosque tomaron formas visibles; un halcón de alas plateadas, un tigre blanco y dorado, un búho anciano -sabio y majestuoso- , un caballo indomable -radiante- y un colibrí azulado, todos flotando entre la penumbra, guiados por las melodiosas risitas de la pequeña, dejando atrás a los que no se atrevieron a entrar.
''¿Crees que vayan a estar bien? Tal vez no sea buena idea que todos...'' Se detiene, y siguen observando desde sus altares.
''Ahí está'' comparte el halcón desde las alturas, los demás asienten y van directo hacia su ubicación, evitando cualquier contacto con su alrededor. Inocencia estaba cantando sobre una gran y plana piedra en el centro de un circulo de pastos quemados. El búho se detuvo pensativo, nervioso, mirando el trazo de la circunferencia. Acto seguido el caballo corre hacia ella chocando con una pared invisible hecha de sombras. Empieza a romper en gritos de impotencia, mientras continúa chocando, una y otra vez. El colibrí lo sigue mientras el tigre mira al búho, inmóvil. El halcón se hace torbellino y choca frenético, el muro ni se inmuta. ''Ya basta'' sienten comunicarse. ''Tiene que haber otra forma''.
-Tambores-. Un oso oscuro como la noche se hace presente ante ellos, sus ojos violetas -sin brillo- apuntan al sabio. ''Es nuestra''. Raíces salen de todas partes, los árboles embisten con sus ramas, envuelven a todos menos al colibrí, que al llorar empieza a apagarse junto a los demás. Almas llenas de ira y temor salen de todo lugar, pegándose a sus energías, a sus puras y vulnerables esencias. Las estaban matando lentamente -Tambores-.
El pequeño ave volaba hacia atrás y hacia adelante. Confuso va lo más alto que puede pidiendo ayuda, simulando una flecha encendía hacia el cielo, iluminándose lo más que puede. Inocencia lo ve, y sonríe. Señala su presencia y se lo anuncia a la chispa de luz alada, que estaba girando enérgica. ''Tranquila, va a estar bien''. Sus ojos bondadosos dudan y baja la mirada hasta encontrar a sus espíritus amigos enredados y muriendo entre la espesura del bosque. Inocencia corre hacia ellos pero la chispa de luz se pone frente y la empuja hacia atrás. Sombras salen y se colocan a su alrededor comenzando a mirarla -con ojos rojos, violetas y verdosos-, y chispa se opaca transformándose en un hombre esbelto y de rasgos duros como las rocas, su aspecto pálido y ojos muertos la hicieron retroceder. Inocencia lloró por primera vez desde su nacimiento. Los espíritus del prado lo sintieron desde afuera, comenzando a llorar con ella. El hombre se sube a la roca y goza de su sufrimiento, él y las sombras se hacían más y más grandes. El bosque crecía.
''Ya basta, no puedo soportarlo más...'' Pero continuaron mirando sin hacer nada, con sus manos entrelazadas, era un silencio incomodo, nervioso.
El búho, el caballo, el halcón y el tigre miran a inocencia mientras su cuerpo pierde color. El colibrí se mantiene alejado, en lo más alto, observando como el odio crecía entre los espíritus. El mentiroso ente de falsa luz caminó hacia la niña y la tomó del brazo, al tocarla su mano se volvió fría y pálida. El bosque reía. Las sombras también. La niña quedó suspendida en los aires, perdiendo su luz lentamente.
-Tambores, gritos, tambores, risas, tambores, dolor, tambores-. El cuerpo de la niña estaba casi sin vida. El colibrí tomó coraje, y llorando se arremetió entre las ramas, intentando salvar a sus camaradas. Una y otra vez esquivaba las garras del bosque, pero no podía liberarlos. Hubo silencio sepulcral, el búho sede. Mira a los demás, lo lamenta y desaparece en chispas de luz hacia la tierra. ''¡No!''
El sonido de un Erhu colmó el lugar opacando a los tambores, todos los otros espíritus de luz del prado entraron desde diferentes lugares, pero era tarde. Colibrí gritó por primera vez en esa existencia. ''Nunca te dejes oscurecer por nada ni nadie'' -Tigre se despide con una sonrisa-. Sus alas crecieron, su cola también, se volvió un Quetzal. ''En la luz encontraras la calma'' - Halcón chilla y desaparece-. Sus patas se hicieron fuertes, al igual que su pico, se volvió un águila. ''Brilla, en lo alto, como estás destinado'' -El radiante caballo mira con ternura, y muere- Todo su cuerpo brilló con fulgor, las ramas cedían ante su luz. Como dragón voló y desplegó sus alas alejando toda sombra aledaña. Los espíritus guías lo observaron renacer. El muro de sombras desapareció. La luz observó como la oscuridad daba fin a la inocencia. La niña cae muerta en la fría piedra. -Tambores y un Erhu-. El dragón y los demás volaron hasta el centro del circulo. Las sombras desaparecían terminando como chispas rojas (renaciendo como una pequeña gota imperceptible de luz), el hombre se resistía hasta los últimos momento, y cuando estaba apunto de fusionarse con la niña el dragón se interpuso en su camino y lo hizo por él. Inocencia floto varios metros. Los espíritus de luz empezaron a girar a su alrededor, incluso los nuevos. Luego, bajó y abrió sus ojos, primero blancos completamente y luego volviendo a tomar su color avellana. El hombre la reconoció como su hija. Sintió amor por primera vez en esa existencia. Estalló en llamas.
La niña se descalzó y tocó la tierra con tus pies, el bosque empezó a iluminarse, los arboles revivían, por dentro y por fuera, las hojas -vivas y brillantes- culminaban en agradecimientos. Bastó una sonrisa para hacer abrir el cielo y hacer brillar el sol de nuevo.
El dragón salió del cuerpo. ''Te lo agradecemos mucho'' le dijo a inocencia, y voló hacia las nubes. Con el corazón del caballo, la sabiduría del búho, el poder del tigre, la valentía del halcón y la bondad del pequeño colibrí.
''Entonces... ¿todo ésto ya lo sabias? ¿por qué no me lo dijiste antes?'' -entre risas, contestó: ''No se de que estás hablando, querida''
sábado, 17 de mayo de 2014
Timoteo
Cuando Timoteo miró esa reluciente copa de brilloso bronce la tomó y corrió hasta su cabaña con una sonrisa que parecía haber olvidado. Entró dando tumbos alegres cuando sorpresivamente nota que nadie yacía dentro. Parecía abandonada desde hacía años; telarañas, muebles tirados y rotos, la escalera hecha añicos. Confundido mas no estático, se acercó hasta la pequeña sala de estar, el sillón rojo chillón de la esquina -donde su abuela solía contarle aquellos cuentos sobre reyes y reinas, magos y brujas- sostenía cómodamente una foto de su madre y su hermana en un marco de madera opacado por el polvo. La copa cae de sus manos (ahora débiles por el miedo) y se escucha un sonido hueco al golpear en el antiguo piso de madera. Quiere subir hasta las habitaciones pero al tratar de sostenerse en uno de los escalones éste se parte en dos y cae golpeando su cabeza con un banquillo diminuto, el mismo que usaba su hermana para sus muñecas. Como si sus cuerdas vocales hicieran sonido por primera vez emite un chillido nervioso que a penas él entiende. Sorprendido ve como la joya del centro de la copa empieza a emitir una peculiar luz carmesí que inunda todo el salón. El frío invernal que cubría cada rincón de la casa desaparece justo cuando la chimenea empieza a reconstruirse con un fuego tan vivo como rebelde. Y así con toda la casa: sillas flotando, pedazos de platos reagrupándose, libros volviendo a sus estantes, maderas volviendo a lucir renovadas. La casa se embelleció tanto que apenas la reconocía. El rechinar de la silla hamaca lo tranquilizó, aunque nadie estuviera sentado en ella. Confundido por el golpe y lo sucedido se deja llevar por un sueño profundo.
''La reina del hielo sostenía un báculo en su mano izquierda, tan largo como su trono blanco y plateado. Su corazón era una gema, tan fría como morir solo en medio de una ventisca de montaña. Su máximo deseo era congelar todo corazón. Pero lo que no sabía es que no podía congelar las almas'' -¿Abuela?- exclama con sus mejillas enrojecidas por el cálido ambiente, acostado sobre mantas en un largo sillón de terciopelo colorado. Nadie contestaba. Timoteo se levanta con energía renovada, pero con la confusión de alguien que parecía estar viviendo un sueño. - ¡¿Abuela?!- vuelve a decir pero nadie contesta de nuevo.
Lentamente se acerca hasta la copa de bronce con la piedra encastrada, tan roja como la sangre, tan brillante como el sol. Aunque tenía miedo de tocarla lo hace con la misma delicadeza de aquella vez que curó al ave herida encontrada en techo y luego liberó. La copa ni se inmutó. Estaba amarrada a raíces tan gruesas como sus muñecas y su composición parecía hecha de uno de los más irrompibles minerales. Lo siguiente fue dirigirse hacia la puerta, pero parecía imposible de abrir, acto seguido va hasta la ventana donde -si bien no podían abrirse- el vidrio dejaba ver una ventisca mortal del otro lado. Se sienta en una silla y denota como una humeante taza de chocolate parece estar llamandolo con su fragancia. Tomó entre sus manos el recipiente de porcelana y se detuvo a oler al exquisita sustancia, que luego fue tomando sistemáticamente. Mientras lo hacía miraba a su alrededor, preguntaba algunas cosas en voz alta esperando respuesta de aquella voz que siquiera se dignó a buscar en el piso de arriba porque había salido de la silla junto a la chimenea, pero por supuesto, nada contestaba. Antes de llegar a la mitad se levanta lentamente y sube las escaleras todavía sosteniendo la taza con su mano derecha. Sus ojos verdosos parecía brillar más de la cuenta. Al llegar ve como el piso vestía una alfombra azulada y el pasillo era más largo de lo que realmente era, mucho más largo. Al caminar por él no ve puertas todavía pero sí ventanas, aunque pasaron totalmente desaparecividas ya que sus pupilas solo estaban dirigidas especialmente a los cuadros que embellecían las parecedes de -ahora- roble. Las pinturas se mezclaban entre ellas formando imagenes de una misma persona pero en diferentes situaciones de su vida. En el primer cuadro ve a un joven de ojos miel y pelo castaño, sosteniendo un artefacto que el no entiende, vestido de una forma peculiar, mientras era observado por muchas personas, soltando sollozos de pezar. El cuadro mostraba muchos diferentes lugares y momentos del mismo protagonista, pero siempre terminaban las secuencias con un telón rojo cerrando y abriendo. En el segundo cuadro observa que el marco no es tan delicado como el primero, sino algo viejo y desarreglado. Dentro había una niña vestida con un vestido de tela delicada y blanca, con hermosas trenzas anudadas con listones rozados. Las imágenes -a diferencia del telón del primer cuadro- cambiaban tras el paso de miles de mariposas que tapaban la visión, para hacer aparecer algo diferente, pero se reduce a solo detenerse en la primer parte como hizo en el anterior. En el tercero hay un hombre con traje, su mirada parece estar tan vacía como la de la Reina de hielo en su imaginación. Su corazón parecía echarse atrás al miralo, por lo que corrió por el pasillo aferrandose aún a la taza, pasando por muchos otros que siquiera miró. Se detiene. - Estoy soñando... -. Le susurra al reflejo que hacía la sustancia de la taza. - Tal vez, o tal vez no... - Dice una voz risueña y dulce. - ¿Que? ¿quién eres? ¿donde estás? ¿donde está mi mamá y mi hermana?- murmura con lagrimas en los ojos, odiandose por llorar. -Aquí, sobre la pared, no me tengas miedo. No tienes porque temerle a tu propia creación-. La voz -terminando con una risita- venía justo de arriba de su cabeza, sobre la pared. Se da vuelta rapido y ve como el dibujo de una niñita lo saluda torpemente con una manito mal dibujada. Para luego continuar y decir: - No tengo permitido contestarte algunas cosas, y lamento mucho eso pequeño, pero me dijeron que te diga que uno debe enseñar a caminar y luego mostrar el camino, en vez de moverle los pies para que se mueva. ¿Cuantas veces puedes verte reflejado en la luna y en el sol? ¿o un recuerdo, o en dos? ¿Cuantas veces puedes verte reflejado en un poquito de dolor? No olvides que nosotros decidimos como y cuando brillar y oscurecer. Ahora tienes otra oportunidad, pequeño-. Timoteo deja de llorar, y mirandola extiende la taza y dice dulcemente:
- ¿quieres un poco de chocolate?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)