Es ahí cuando contengo un aliento mirando el vidrio empañado por el calor propio saliente de mis labios, suturando las gotas de lluvia que se mueven hiperactivas, se chocan y retuercen antes de separarse en dos nerviosas lineas complejas -alejadas y unidas-, yo exhalo. Cuando el viento del invierno surca la mandíbula que clama mi paciencia y busca desesperada encontrar el porque del encantarme o desencantarme, una mirada o un gesto, un pensamiento o un sexo, yo inhalo. "Te exhalo, te inhalo, te consumo hasta cansarme" digo viendo el halo creado por el cristal frágil de esas almas que dibujan frases y se incrustan en mi ser. El roce de la piel santa actúa mintiendo verdadero placer, tacto de pensamientos aturdidos (al mismo tiempo) recrean verdaderos una mentira de real éxtasis, vicio de lo prohibido que se clava en mi vientre dibujando corazones que ahora tapo con vendas casi invisibles. ''Es que sin vos todo volvería a ser lo que era, volvería a estar perdido... una vez más'' se escuchó como un eco crudo por cada rincón del laberinto que ellos sostenían con delicada calma, hecho de hielo mezclado con crayones de no muchos colores. Mi piel se erizó y me quedé mudo hasta que solo pude escuchar mis pasos y aquella voz como un coro celestial que me seguía a donde fuera, como mis lapices de cera. Más tarde mientras apreciaba las hojas esparcidas en el piso en las afueras del hospital al mismo tiempo que viajaba a una moderada velocidad, compuse un nuevo manojo de sentimientos de los que no tenía conocimiento.
Lo perdí, perdí el conocimiento para acto seguido terminar dentro de arbustos verdes y aromáticos -me recordaban a casa, a una casa que no era tan casa si no era más bien hogar, una campo verde donde descansar hasta de mí propio ser-, las ramas se enredaron en cada extremidad, mi cuello era lo único a lo que no se aferraban con fuerza, deduje que por miedo a lastimarme, acerté al observar el crecimiento instantáneo de flores en mi espalda y mi cabeza a modo de almohadas ante lo que después fue una caída controlada en un lugar oscuro -tangible-.
Me paré sacando algunos pétalos de mi saco marrón, despeinándome noté como varios habían quedado incrustados en mi cabello -no me importó-. Había una caja musical a lo lejos y fui hasta ella ya que era el único objetivo que había aparecido en aquel lugar donde ni el suelo podía ver. Sentía aromas, canela, pan recién horneado, café tostado y no estoy seguro si era lavanda a lo ultimo. Sentía sonidos leves, crujidos de puertas abriéndose con cuidado, pasos a la distancia -en ascenso a algún lugar, subían-, risas y llantos. Mientras me movía, de vez en cuando me acariciaban, sentí dedos cálidos en la mejilla, un fuerte apretón de manos, un empujón suave y un puntapié que provocó una expresión de dolor que tardó segundos en desaparecer. Le dí 5 vueltas a la manivela, noté como se creaba desde la caja trazos blancos de lo que después sería con color un paisaje completo que combinaba al bosque y la ciudad, guardé en mi memoria cada detalle que pude tomar mientras sonaba ésa melodía, una figura borrosa abrazando a otra justo debajo de un manzanero, un perro esperando en una esquina -seguro y recto-, dos niños girando mirando hacia el cielo y un joven caminando debajo de la lluvia, alejándose de su destino (podía sentirlo).
Todo estuvo en silencio de pronto, mis ojos se abrieron tan grandes que parecían ver más de lo normal, y ahí empecé a oír tan solo mi corazón... cada latido me desestabilizaba más y más, y en ese mundo cada uno de los mismos lo modificaba, lo destruía y lo cambiaba todo. Cada latido un amor, un dolor, un lugar, una musa, todo nuevo. Las imágenes, los sonidos, los cambios de temperatura, y los aromas esporádicos me llevaron a un punto de quiebre que derivó en un grito justo cuando la melodía se detuvo. Todo desapareció y la caja musical se me deshizo de las manos como arena seca, terminando en polvo que un falso viento se terminó llevando a lo profundo de la ahora, pacifica oscuridad.
No había algún sentido que pudiera detectar, flotaba en algún sitio, pero no estaba seguro. Solo estaba yo, mi cuerpo y mi mente por un tiempo que no puedo precisar.
''Enamorarse, desenamorarse, es parte de aprender y crecer, el amor y el desamor solo pueden existir si vibran, se mueven y cambian'' soltó alguien en mi oído y sonreí.
Algo rozó mis bolsillos. Los crayones, ahora en mi mano, tomaron protagonismo. Mi cuerpo logró detenerse en el vacío. Tomé el azul y dibujé un amigo: era pequeño, un quetzal regordete y mal dibujado, lo quise al instante; se posó en mi hombro y me mantuvo en equilibro. ''Proba dibujando un sueño'' escuchamos junto a mi amigo y asentí. Usando el amarillo tracé un camino empedrado hasta que me cansé de crearlo. ''A veces los sueños no son la llegada, si no el transito, porque éso es lo que realmente los hace bellos''. Me recosté y miré hacia arriba -o abajo...-, y me concentré en la oscuridad. Mi nuevo amigo sujetó el crayón blanco y dibujó la luna aferrado fuerte al lapiz con sus pequeñas garras de ave. Luego siguió con las estrellas, haciendo unas cuantas para mas tarde cansarse, y recostarse en mi pecho. Sonreí al verlo dormir, él sabía que yo estaba agradecido por dibujarme el firmamento. Le creé con verde y marrón un árbol hermoso y lleno de frutos -para los cuales creí conveniente el morado, el rojo y el amarillo-, y terminé con una linda caja nido en el centro. Al despertarse voló varias veces, exaltado, al rededor de mi ser hasta alejarse con feliz aleteo. Volví a seguir el camino amarillo que resultaban ser mis sueños. Caminé y caminé, entretanto lo hacía me detenía a crear; montañas, flores, ríos, ciudades, animales, sueños, amores, tristezas, alegrías y personas... dibujé tanto que solo me quedó un trozo del lápiz de cera blanco. ''¿Que piensas hacer con ese ultimo trozo de crayón?'' me susurraron y me puse a meditar.
Hice un rectángulo y una manija, justo ahí mi crayón se deshizo. Todo ese mundo cobró más fuerza y me saludaba con vigor, me despedía con libertad. Abrí la puerta y pasé.
El cristal volvía a ser cristal, y yo volvía a ser material de nuevo. Bajé del transporte y miré cada detalle de mi rostro en un vidrio espejado, sonreí levemente, exhalé y lo empañé. Dibujé el quetzal con el dedo índice y seguí mi camino buscando, sólo buscando.
Supongo que es uno de esos baldes rotos que uno siempre necesita para volcar un poco de su mente corrosiva -que tal vez solo le importe a pocos- y que es un poco de vos y un poco de aquellas personas que, como perseguidoras sombras constantes, aparecen cuando la luz impacta nuestra figura, y las otras - mis preferidas - las que acompañan nuestra oscuridad con un café en la mano derecha y tu cabello en la izquierda. (tan sólo catarsis)
jueves, 25 de agosto de 2016
miércoles, 22 de junio de 2016
Un desconocido (Diario, página 9)
''Un desconocido'', suena un tanto básico y para nada dañino, así mismo es una de las cosas más gélidas que le dijeron en su existencia, junto a un par más que guarda en algún lugar de su mente, algunas inconscientes ya, pudriéndose en un rincón.
''Dejate ser'', proclama en voz baja como si él lo escuchara desde lejos luego de haber roto el puente que los unía -une, los une, lo sabe, nada se rompió, sigue intacto, no se miente-. Luego pudo llorar y fue dulce, sintió como varios canales se abrían en su interior. Él no llora por meses y meses, aunque desea con fuerzas poder hacerlo. Antes de soñar, y en ese estado previo a ese otro plano, vió como algunas palabras se chocaban entre sí, peleándose por quien iba primera como si de un ataque de dislexia repentina se tratase. No recuerda bien más sólo puede articular una frase
''Sos poesía por tu cuenta'' Esa noche durmió tranquilo.
Contener ese nudo en la garganta mientras caminas por el asfalto para, acto seguido, respirar profundo entretanto escuchas una canción que te dedicó un mes atrás, fijando la mirada en lo alto de los edificios y la belleza que se crea durante el sol del atardecer, dorado, se refleja impoluto en los cristales más elevados como si helios hurgara cada habitación buscando el amor o almas a las cuales iluminar.
Caminar entre cientos de seres de diversas formas, enfocando su mirada en una oración que parece estarse sellando en tu frente con tizas de colores opacas mientras sus pasos, cortos pero firmes, liberan dejando un vestigio de polvo, eso que vas perdiendo de vos fragmentados en pequeños montículos de confianza diluida.
El viento surca los cielos y choca directo en sus ojos que se resisten a formar curva alguna actuando rígidas pupilas que en ese instante solo reverberan soles pero no dilatan. Visualizas dos amantes a lo lejos, sentados -callados- fijados arriba como si su vida dependiera de ello.
Tocas tu bolsillo caliente por el fuego de tu mano que arde y tiembla leve, como si quisiera cobrar vida y tomar sus propias decisiones y al fin dejar de servir, no aceptar más ordenes de una mente tan volátil que da hospedaje a un alma tan confiada.
Es temprano para llegar a destino y un improvisado asiento de cemento lo espera con la luz perfecta de un rayo ultravioleta que le deja un espacio para descansar.
''No pienses'', dice mientras suena otra canción en sus oídos que aleatoriamente aparece en su lista de reproducción y le recuerda un él de un día atrás esperando una respuesta simple a una pregunta desesperada. Así que apoya su espalda y respira de nuevo. Puede escuchar detrás del compás del bajo una sutil fuerza que vibra posterior a los tímpanos, es otro recuerdo naciendo y muriendo, perdiéndose y encontrándose, una y otra vez como si al entrar en su consciente los enviara de un golpe más atrás, para abatirse en el pozo que ya contiene todas las abnegaciones y dolores del pasado, algunos ya convertidos en demonios pequeños buscando alimento.
Ve la imagen de una aurora plateada y amarillenta que creó la luz y lo acompaña de nuevo en su andar, a modo de una verdad frente a sus narices: baja los parpados con fuerza y se frota con sus suaves mangas de invierno, tampoco quiere ver. La mano cálida contrasta, soberana, su cuerpo frío mientras una vena dibujada aparece en la izquierda indicando el camino al corazón, directo a él. Ese vapor que sale de sus pulmones, esas miradas buscándolo como si a éste le importase -ahora-, cuando de nuevo se siente un poco perdido, es sincero y por dentro se dice ''No me necesitas, no soy más que un desconocido'', para luego clavar esa miel -que a veces es avellana, otras madera oscura-, y que son dos, en el otro, como jugando a ser el dueño del deseo. De pronto detiene su corazón, apaga su alma, se rinde ante la incapacidad de amar del mundo y la acepta como si fuera un regalo: se congela un par de horas.
La noche cae y el celular suena varias veces de forma sistemática, solo aprieta un botón para ver el tiempo donde yace, nunca llegaría el mensaje que en verdad esperaba y le importaba. Vuelve a perderse en sus pensamientos y empieza a derretirse aunque su cuello todavía ni se inmuta cubierto de escarcha a causa de su imposibilidad de articulación al intentar explicar porque ''es tan importante una estrella fugaz en su vida cuando conoció algunos soles que le permitían dormirse bajo sus rayos etéreos''. En camino a casa se empieza a quebrar después de todo un día petrificado en el mismo sentir. Cierra las puertas de su habitación luego de unos segundos. Tiene un té recién hecho a su izquierda que humea y dibuja palabras sueltas en el espacio.
''Dejame ser'', recuerda y se acuesta al lado de la funda de su guitarra, parece tomar forma y emitir cierta calidez mentirosa, la aparta. Busca en su bolsillo su único portal a él, acaricia sin querer las cuerdas de su instrumento que dormía en la pared y luego el silencio. Recién ahí, descongelado, deja reposar su mente en una lectura rápida que aparece de la nada, irrespetuosa pero oportuna.
(...) ''Los miedos, van todos al mismo bar a beber y a reírse de nosotros. Lo copado es compartirlos. Cuando escuches una canción de éstas que te dan miedo, acordate de este momento. Ahora. Y listo. Me dijo. Nunca me dejó de mirar a los ojos" (...)Terminó de leer y miró el techo, el foco se movía levemente, como expectante. Toma un sorbo y huele la infusión vertiendo al exterior un ultimo recuerdo.
''Dejate ser'', proclama en voz baja como si él lo escuchara desde lejos luego de haber roto el puente que los unía -une, los une, lo sabe, nada se rompió, sigue intacto, no se miente-. Luego pudo llorar y fue dulce, sintió como varios canales se abrían en su interior. Él no llora por meses y meses, aunque desea con fuerzas poder hacerlo. Antes de soñar, y en ese estado previo a ese otro plano, vió como algunas palabras se chocaban entre sí, peleándose por quien iba primera como si de un ataque de dislexia repentina se tratase. No recuerda bien más sólo puede articular una frase
''Sos poesía por tu cuenta'' Esa noche durmió tranquilo.
martes, 14 de junio de 2016
Dejar ser (Diario, página 7)
No pensar las cosas siempre me resultó un tanto complicado, hay momentos determinados en los que no pienso pero porque no me tomo el tiempo de hacerlo o no lo tengo, y eso no significa que sea precavido ya que éste ser con todos los defectos y virtudes de un humano es sumamente impulsivo -cosa que me juega malas pasadas casi siempre-.
Es que en el pensamiento me examino y examino al resto como un explorador de la vida, viendo cada detalle y deduciendo posibles acontecimientos futuros en base a ello, o problemas que resolver, heridas que curar, rasgos distintivos de personalidad, que cosas ''no'' hacer para no lastimar y mil más. Pienso y pienso, y vuelvo a pensar cuando hay veces que al parecer solo se necesita sentir y ya, ¿por que poner tanto la mente en asuntos del alma/corazón?
Existe un ser que me está revolucionando hoy día, pero yo no a él, creo, no sé, posiblemente, puede que un poco, algo, mucho. No, no sé. Es que no puedo descifrar sus movimientos como me pasa con el resto de las personas, no puedo empatizar hasta el punto de saber por donde ir o por donde va a ir, simplemente no puedo. ¿Sera esa una de las cosas por las cuales lo sigo de una forma tan impulsiva? Me siento como un lienzo con la capacidad de ser pero si es necesario modificar alguna gama de colores si a su vista perjudica ¿Y eso está bien? Es nuevo para mi el sentir éste tipo de... ganas de ir y volver, y curar y suprimir, obsesionarme y desinteresarme, es un conjunto de cosas que hacen que mi alma se confunda más todavía, y salga una faceta a cagarla estrepitosamente y a las dos horas otra que arregle un poco las cosas. Me siento fuerte pero un tanto idiota, y algo que suelo hacer es imaginarme a mi, ver mi ser completo, desde otro angulo alejado como por ejemplo en éste caso otra persona, y lo que veo es: obsesión, drama e irritabilidad, con idas y venidas de ternura, razonamiento e infancias compartidas, inocencia que luego se convierte en un instante... en deseo carnal. No me obsesioné nunca con nadie, tampoco lo hago, y quizá eso se malinterprete desde afuera por la necesidad de conexión, o el aprovechamiento de la misma en los tiempos que puedo al no ser así cuando no estoy -física, emocionalmente-. Drama, lo aprendí de él, soy una persona que necesita calmar su océano de emociones y no llevarlos siempre al extremo. Si, es hermoso sentir fuerte pero cuando eso te desequilibra o desequilibra a la otra persona... ahí nace el verdadero problema (esto me recuerda a casos anteriores...)
En la vida hay que saber arder, a veces hay que ser un sol radiante de mediodía, otras un incendio desenfrenado de deseo, quizá una llama de vela en momentos oportunos o arder como una fogata en invierno. Es importante saber que no a todas las personas les gusta el mismo tipo de calor. Y la tercera que me genera desconcierto es la irritabilidad, así que durante un viaje en colectivo pensaba de donde nacía -en éste caso particular- ese sentimiento que no pasa de frases impulsivas. Busqué la chispa que lo crea, ese punto álgido. En la vida en general soy un ser muy estable en ese sentido pero en éste caso lo crea la necesidad de atención, el ''Acá estoy, dale, vení''; perfecto, me propongo a domarlo porque no soy un alma que se niega a cambiar -siempre que ésto lleve a una forma más perfecta de mi evolución-. Entiendo y veo a la vida como un cuarto viejo y desprolijo al que uno limpia y a medida que encuentra suciedad o roturas se lo va lavando y arreglando.
Y estoy yo caminando por una vereda de Recoleta mientras miro un celular con ojos de nene y trato de calmar mis impulsos, de respirar profundo. Soy un caos de sentimientos y emociones y no encuentro la forma de tranquilizar las aguas, aunque hace años la busque y haya mejorado enormemente. Porque quiero ser su amigo, su amante, su mezcla homogénea ¡Pero voy muy rápido! Y es cuando la lluvia se transforma en tormenta y soy viento, rayos y lluvia torrencial y en una casa de tejas y una chimenea caliente alguien me dice ''Esperá, tranquilo, no pensé que iba a ser así de intenso'' y calmo mis truenos, y calma mi lluvia, y bajan los vientos por un día a dos, tres o cuatro, cinco o seis. Y yo estoy en el cielo y él en una casa de tejas con una chimenea caliente. Entonces me tengo que abrir y despejar mis nubes húmedas dejando paso al invierno estrellado que viene y bajar en forma de un ser físico estable:
y si en esa nueva forma humana vuelvo a ser un aguacero, bien, intentaré llover sobre los vidrios de las ventanas; y si quiero ser un vendaval, bien pero será fuera de la casa y no apagar el fuego; y si quiero ser un rayo, caeré lejos para que no te asustes con el estruendo del trueno.
Sin pensar, dejándote ser, y sobre todo... siendo.
domingo, 5 de junio de 2016
Musa de mármol y trepadoras (Diario, página 6)
Uno se autoconoce a diario, todos los días. Se autoconoce cuando le pasan cosas nuevas, cuando sienten cosas nuevas, cuando conocen gente nueva. ¿Que es este sentimiento que se revuelve en mis entrañas como un hombrecito despertando de apoco? Más abajo remarqué lo importante que era la poesía en mi vida, la magia en mis días, pero la pregunta es: ¿A que costo?
Pienso con imágenes, muchas veces no puedo poner en palabras algo entonces simplemente doy la metáfora de éso mismo, por eso es que ahora mismo me limitaré a decir lo que siento en una cinemática y luego argumentarlo;
Campo de rosas espinosas con un aroma dulce y cautivador que resulta hipnótico. A lo lejos del camino hay un templo donde nacen las semillas (que esparce luego el viento) pero apenas consigo verlo bien, de vez en cuando la niebla que cubre todo el lugar se disipa -como si me tuviera compasión- para que investigue un poco. Sigo aunque a veces me duela. Hay momentos en los que fuertes vientos del pasado azotan y, frustrante (realmente frustrante), me llenan de ganas de quedarme sentado y concentrarme en el cielo. Sigo. Sigo porque hay algo a lo que cuidar y dentro está algo que busco, algo que no estoy seguro que es pero sé que lo necesito (me necesita) para funcionar.
Y así funciono, con imágenes que a veces siquiera puedo describir y cuando lo logro, que es en el mayor número de los casos, me rehúso a explicarlas. Me gusta tanto esa fragancia que sigo a pesar de todo y aunque las espinas se hacen más gruesas al avanzar... de alguna forma mi calor corporal hacen que sedan un poco y alivian.
Eso piensa una parte de mi, mientras la otra, la que comparte la poesía con ésta pero no es tan frágil ni emocional, está enceguecida con que no es buena idea, me pide que corra entre las plantas y me lance muy profundo en el primer río que encuentre, que si bien no es de mi gusto por el frío, éste calmaría mis heridas y me volvería a dar, sin sus ataduras, la libertad que acostumbro.
Sigo. Uno puede seguir un camino sin tener objetivos fijos ¿saben? pero no pueden tener objetivos sin andar, porque entonces estás mas perdido que en el medio del mas frondoso bosque. Yo sigo un aroma, una intuición, un misterio; ¿pero que si eso que uno sigue se va escapando entre lobos y dibujos coloridos? Es tan tarde y es tan lindo el planteo que resurge en mi mente, y es tan lindo la imposibilidad. Podría desaparecer de tu vida mañana, impulsivo como soy, en un instante: juro que en un instante. Pero también podría hacer de instantes un pasado que como fantasma pueda volver a vos cuando un alma ornamentada quiera curarte.
Soy intenso, vivo con sentimientos que explotan, vuelan, se agradan y escapan, eso nunca va a cambiar. Necesito información, que me estrelles en los ojos una tarro de tinta si lo necesitás, o me dibujes en la piel lo que sentís o pensás, ¿Y si escribís un manual?, no tan solo esperar que... la lluvia cese.
Podrás transformar mi día a día en espera, y tu tiempo en poesía. Podrás golpearme con desinterés o contarme mil historias de amor que aún te hacen latir fuerte el corazón. Podrás hacerme helar, o encenderme: pero pase lo que pase, desaparezca antes de caer, agradezco que al momento me hayas ayudado a volver a examinar una emoción, agradezco que me hayas ayudado a volver a sentir.
miércoles, 25 de mayo de 2016
Carta a mi primer compañero (Diario, página 5)
Me cuesta llorar, me cuesta extrañar, me cuesta mantener el interés, me cuesta sentir culpa, me cuesta abrirme, me cuesta. Siento amor, pero no extraño. Quiero ser parte de alguien, pero no de él. Siento ganas de ayudar a vibrar mejor al mundo, pero no quiero contaminarme demasiado. Soy egoísta, pero solidario.
Mi vida es una constante contradicción, ideas que chocan unas a otras y de esa colisión salen otras que luego se fosilizan hasta nuevo aviso. Escucho tantas veces en mi mente la frase "acelera el proceso", que arranque, que es el momento y sin embargo me detengo y espero. ¿Que espero? Tengo miedo porque sé demasiado. ¿Que hago? Finjo porque es la mejor forma de mantenerme a salvo. ¿De que te mantenes a salvo? De aquellos que como perseguidoras sombras constantes (si) buscan entrar cuando te ven débil para apagarte y desactivarte. ¿Por que todavía no lo lograron? Guías y un don heredado.
Carta a mi primer compañero:
Hay momentos en los que te extraño aunque sé que si te llamo estás para mi, pero aún así prefiero no molestarte porque sé que seguís el trabajo con alguien (algunos) más. Hablaba con vos sin saber quien eras y, aún sin poder codiciar las respuestas como frases sueltas en mi mente, lograbas enviar ciertas frecuentas cálidas como regalo a mis plegarias o peticiones. Ese sentimiento de protección, los avisos, las señales, las alarmas, los ''¿Que estás haciendo?", el ''Ese no es el camino''. Creo que empiezo a valorarte más si te pienso, creo que empiezo a... ¿extrañarte un poco? creo que solo es nostalgia, a veces no sé diferenciar eso. Te sacrificabas por mi y a veces yo, alma aún ignorante y mente inmadura en algunos aspectos, no supe verlo. Estabas ahí calmandome aquel día de estreno, y el que seguía, y así en cada escenario que también aplicaba a mi vida. Me enseñaste que del dolor se aprende pero supiste cuales eran los limites y siempre, pendiente, nunca dejarme caer. ''Por acá no'', ''No es buena idea'', ''No preguntes sobre el futuro'', ''Uno nunca se vuelve lo que realmente no quiere ser'', y cientos... cientos de frases que tienen sentido ahora, más tarde, cuando ya tu misión conmigo terminó. Terminó cuando acepté que en mi también había oscuridad, me ayudaste a preparar el terrero espiritual y entender al mundo no solo mirando con los ojos, si no entendiendo con el corazón. ¿Éstas palabras estaban tan inconscientes en mí que tuve que poner la mente en blanco para que salgan? ¿Por que no puedo articular los sentimientos de manera adecuada, ni siquiera para redactar un sentimiento de gratitud?
Un día te dejé de sentir, algo faltaba, algo estaba vacío, algo se había ido. Solo observabas, ésta vez solo mirabas desde lejos pero sin dejar de cuidarme, esperando que lleguen los otros. Dos. Y era el momento de partir. No recuerdo siquiera si te despedí porque todo sucedió tan rápido, tan fugaz. Tampoco dí una bienvenida. En los planos que yacen espero no sea tarde para decir: gracias, amigo.
Sintiendo.
''De nada, amigo/querido''
Mi vida es una constante contradicción, ideas que chocan unas a otras y de esa colisión salen otras que luego se fosilizan hasta nuevo aviso. Escucho tantas veces en mi mente la frase "acelera el proceso", que arranque, que es el momento y sin embargo me detengo y espero. ¿Que espero? Tengo miedo porque sé demasiado. ¿Que hago? Finjo porque es la mejor forma de mantenerme a salvo. ¿De que te mantenes a salvo? De aquellos que como perseguidoras sombras constantes (si) buscan entrar cuando te ven débil para apagarte y desactivarte. ¿Por que todavía no lo lograron? Guías y un don heredado.
Carta a mi primer compañero:
Hay momentos en los que te extraño aunque sé que si te llamo estás para mi, pero aún así prefiero no molestarte porque sé que seguís el trabajo con alguien (algunos) más. Hablaba con vos sin saber quien eras y, aún sin poder codiciar las respuestas como frases sueltas en mi mente, lograbas enviar ciertas frecuentas cálidas como regalo a mis plegarias o peticiones. Ese sentimiento de protección, los avisos, las señales, las alarmas, los ''¿Que estás haciendo?", el ''Ese no es el camino''. Creo que empiezo a valorarte más si te pienso, creo que empiezo a... ¿extrañarte un poco? creo que solo es nostalgia, a veces no sé diferenciar eso. Te sacrificabas por mi y a veces yo, alma aún ignorante y mente inmadura en algunos aspectos, no supe verlo. Estabas ahí calmandome aquel día de estreno, y el que seguía, y así en cada escenario que también aplicaba a mi vida. Me enseñaste que del dolor se aprende pero supiste cuales eran los limites y siempre, pendiente, nunca dejarme caer. ''Por acá no'', ''No es buena idea'', ''No preguntes sobre el futuro'', ''Uno nunca se vuelve lo que realmente no quiere ser'', y cientos... cientos de frases que tienen sentido ahora, más tarde, cuando ya tu misión conmigo terminó. Terminó cuando acepté que en mi también había oscuridad, me ayudaste a preparar el terrero espiritual y entender al mundo no solo mirando con los ojos, si no entendiendo con el corazón. ¿Éstas palabras estaban tan inconscientes en mí que tuve que poner la mente en blanco para que salgan? ¿Por que no puedo articular los sentimientos de manera adecuada, ni siquiera para redactar un sentimiento de gratitud?
Un día te dejé de sentir, algo faltaba, algo estaba vacío, algo se había ido. Solo observabas, ésta vez solo mirabas desde lejos pero sin dejar de cuidarme, esperando que lleguen los otros. Dos. Y era el momento de partir. No recuerdo siquiera si te despedí porque todo sucedió tan rápido, tan fugaz. Tampoco dí una bienvenida. En los planos que yacen espero no sea tarde para decir: gracias, amigo.
Sintiendo.
''De nada, amigo/querido''
domingo, 15 de mayo de 2016
Coníferas
Pendes de un hilo dentro de un cubo cristalino, entre estrellas sigilosas que miran tu coraza blancuzca y divergente.
Giras oscilando tras mi mente y drama, observando como -incrédulo- busco romper tu escudo que ahora es ámbar, subiendo peldaños para divisar alguna copa de árbol del frondoso bosque que resulta ser tu corazón: me lastimo las manos.
Las espinas, heridas diminutas que hierven mi sangre convirtiendo mi corazón impulsivo en una locomotora obsesiva guiando a un cuerpo entumecido -dándole energía- para seguir subiendo, bajando, estático.
La poesía que subyace en tus parpados caídos y las musas que dilatan las pupilas de un yo corrompido por el perfume del misterio que, hipnótico, embadurna mi psiquis, me obliga a seguirte como un centinela vigilante, atento a cada gesto, prediciendo cada movimiento erróneamente. Solemnes el drama y el vigor que nacen de la mezcla de un alma llena de fuego y una cubierta de piedras, y sin dudar -fuera de foco- fotografían encuentros no florecidos, marchitados lentamente. Ocurre que mientras las gotas de la lluvia caen, las aves esperan ansiosas la salida del sol: amaría iluminarte y penetrar con las yemas de mis dedos tu alma aterrada, acariciarla y sembrarla de estrellas.
Dos universos distantes que juegan a ser una constelación, mas lastiman sus cuerpos celestes entre sí, colisionan. Uno expandiéndose para adentrarse, el otro escapando al infinito.
Inhalaciones tenues se acoplan al murmullo de cigarras risueñas y ya es suficiente, caes como una bala de plomo otra vez al colchón de hojas para hundirte implacable. Dentro de la nueva oscuridad la mirada cautiva sale de la misma observando como el viento penetra los cielos y los mueve, impolutos. No hay ganas de leer poesía ni tampoco de vivirla, solo de contemplar el firmamento: solo de hacerse con él y desde ahí caer una y mil veces más, pero siempre en un colchón de hojas de otoño, siempre en un lugar suave donde descansar.
sábado, 26 de marzo de 2016
Como desaparecer entre miles de pensamientos (Diario, página 4)
Este año es drástico, decidirá mi futuro y lo sé, porque lo siento. Todo a mi alrededor está cambiando empezando por mi y las personas que me rodean. Los viejos amigos ya no son tan amigos y mis ojos están cada vez mas abiertos para notarlo, mi corazón - por su parte- más seguro de como asimilarlo.
Lo admito: soy un ser solitario. Amo la compañía pero solo cuando la necesito y de gente específica que me llena, que me inunda de poesía; pero a decir verdad la mayoría del tiempo quiero estar solo y no sé bien el porqué. En la soledad me siento en paz, nadie a quien complacer, nadie a quien ayudar, a quien lastimar, la nada como tranquilidad pero como un mundo estático que flota en mis pensamientos. El dinamismo se mueve a través de mis pensamientos y las expresiones futuras de sensaciones que no puedo expresar para pasar a la frustración. Tengo tantas ganas de explotar, esa es la palabra exacta, aunque también seria estallar, deshacerme, reventar, eclosionar, sucumbir ante la atmósfera de la vida como si fuera un meteoro y pasar a ser algo más hermoso, brilloso, vistoso.
Quiero todo, lo quiero en mis manos, grandeza, belleza, poesía, amor... me dan miedo pero los necesito, como las musas necesitan a sus poetas, o los poetas a sus musas. Y me aburro, me aburro de las personas y de su monotonía, las quiero dementes e inquietas ¡Sorprendame con diálogos que me dejen catatónico! basta de quejarte de que no estoy para vos cuando tu egoísta amor me lo pide, ámame como a la luna, como a tu planeta celeste favorito orbitando lejos pero en un ciclo sin fin.
Los fantasmas que perturban una mente que alguna vez fue tan pura como el agua de las altas montañas siempre se visten de blanco y negro, y gris ¡ya no soporto el gris! El limbo no me queda bien, y tengo todo para ir al averno o para ascender al paraíso pero la nada es cautivadora, como si estuviera en el centro y pudiera ir donde quiera, nacer, morir. Todo gira. Todo vibra.
Estoy empezando a soportar el peso de mi mente, y éste el de mi corazón. Podría sintetizar las cosas e intentar no ser tan caótico al escribir, ¡podría mejorar mi dicción!, podría ser claro.
¿saben por que algunas personas se sienten perdidas? Es porque no caminan. ¡Jamás alguien que está andando puede sentirse perdido! Ellos solo te guían si estás moviéndote.
Quiero derrapar, quiero nacer del fango, lanzarme con todo mi ego en lo mas profundo, ya no me importa hacer el ridículo porque es hora de ser el ser que quiero ser como quiera ser sin dejar ser esos seres que son cuando quieren ser pero al fin y al caso son lo mismo ¡y no me importa! porque soy todas esas facetas, el brillo, la oscuridad, el otoño y la primavera ¿Y que tiene eso de malo si me transformo como las estaciones? Es que no existe el problema si mis hojas caen sobre un césped amarillento para revolotear sobre un viento gélido, posarse sobre una rosa de un color vivo para más tarde recalentarse en el sol veraniego, el problema es ¡No ser ni el verano, ni la primavera, ni el otoño ni el invierno! Es mi ultima oportunidad de ser todo lo que soy, sin barreras.
Lo admito: soy un ser solitario. Amo la compañía pero solo cuando la necesito y de gente específica que me llena, que me inunda de poesía; pero a decir verdad la mayoría del tiempo quiero estar solo y no sé bien el porqué. En la soledad me siento en paz, nadie a quien complacer, nadie a quien ayudar, a quien lastimar, la nada como tranquilidad pero como un mundo estático que flota en mis pensamientos. El dinamismo se mueve a través de mis pensamientos y las expresiones futuras de sensaciones que no puedo expresar para pasar a la frustración. Tengo tantas ganas de explotar, esa es la palabra exacta, aunque también seria estallar, deshacerme, reventar, eclosionar, sucumbir ante la atmósfera de la vida como si fuera un meteoro y pasar a ser algo más hermoso, brilloso, vistoso.
Quiero todo, lo quiero en mis manos, grandeza, belleza, poesía, amor... me dan miedo pero los necesito, como las musas necesitan a sus poetas, o los poetas a sus musas. Y me aburro, me aburro de las personas y de su monotonía, las quiero dementes e inquietas ¡Sorprendame con diálogos que me dejen catatónico! basta de quejarte de que no estoy para vos cuando tu egoísta amor me lo pide, ámame como a la luna, como a tu planeta celeste favorito orbitando lejos pero en un ciclo sin fin.
Los fantasmas que perturban una mente que alguna vez fue tan pura como el agua de las altas montañas siempre se visten de blanco y negro, y gris ¡ya no soporto el gris! El limbo no me queda bien, y tengo todo para ir al averno o para ascender al paraíso pero la nada es cautivadora, como si estuviera en el centro y pudiera ir donde quiera, nacer, morir. Todo gira. Todo vibra.
Estoy empezando a soportar el peso de mi mente, y éste el de mi corazón. Podría sintetizar las cosas e intentar no ser tan caótico al escribir, ¡podría mejorar mi dicción!, podría ser claro.
¿saben por que algunas personas se sienten perdidas? Es porque no caminan. ¡Jamás alguien que está andando puede sentirse perdido! Ellos solo te guían si estás moviéndote.
Quiero derrapar, quiero nacer del fango, lanzarme con todo mi ego en lo mas profundo, ya no me importa hacer el ridículo porque es hora de ser el ser que quiero ser como quiera ser sin dejar ser esos seres que son cuando quieren ser pero al fin y al caso son lo mismo ¡y no me importa! porque soy todas esas facetas, el brillo, la oscuridad, el otoño y la primavera ¿Y que tiene eso de malo si me transformo como las estaciones? Es que no existe el problema si mis hojas caen sobre un césped amarillento para revolotear sobre un viento gélido, posarse sobre una rosa de un color vivo para más tarde recalentarse en el sol veraniego, el problema es ¡No ser ni el verano, ni la primavera, ni el otoño ni el invierno! Es mi ultima oportunidad de ser todo lo que soy, sin barreras.
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