lunes, 5 de diciembre de 2016

La destrucción de nosotros mismos (Diario, página 13)

 Cuando ya no se que decir o hacer, y todo lo que toco resulta terminar dañado o no puedo ayudar a nadie -ni a mi mismo- termino corriendo, huyo tan lejos como puedo mientras me desintegro en millones de trozos que se dejan llevar dependiendo de la correntada que en ese momento esté dispuesta a darles un viaje inesperado.
 Puedo volver a incorporarme rápido, pero no siempre es así, a veces estas partículas terminan dispersas en una vasta área, algunas conocidas y otras inexploradas. Mis pequeñas piezas se reagrupan (ya cansadas) con otras que estén cerca creando nuevos seres en diferentes partes. Algunas veces son personas, otras animales, incluso los vi amorfos y monstruosos, pero nunca dañan a nada ni a nadie. Se dedican a recolectar lo que pueden de esos sitios mientras el núcleo -la esencia misma- espera a que todo vuelva a equilibrarse, justo donde el cuerpo se desintegró. 
 Cuando el núcleo descansa lo suficiente y tiene la fuerza como para volver a traer todas las partes hacia él, encendiendo una especie de fuerza magnética que posee, todas las formas que cobraron las partículas vuelven como un rayo; la actitud que adopta cada una varía según la forma que había adoptado, recuerdo algunas... un niño que se había formado en un bosque verde, vivo, se aferraba a los arboles cuando el núcleo lo llamaba de vuelta; un tigre hambriento comía -insaciable- carne fresca y estaba agradecido de volver, no quería seguir matando pero su naturaleza lo obligaba a hacerlo; un gorrión que se dedicaba a surcar los cielos mirando de lejos a todo ser vivo y de cerca a las nubes pidió un minuto más, quería guardar en su memoria las impresionantes vistas desde esa altitud; un hombre bajo la lluvia mirando el cielo deja de correr en la colina y unos segundos antes de volver se lanza a la tierra, respira profundo y desaparece... y así con cada una. Pero hay algunos seres que se crean que son algo más fuertes y un poco más testarudos también, los que llamo sutilmente ''tercos''.

 Los tercos no vuelven y dejan al ser incompleto porque se niega a que a llegado su hora de desaparecer, por lo tanto sigue su camino un tiempo más aunque todos los demás hayan vuelto. Algunos se alejan tanto que se pierden -pero siempre regresan, tarde o temprano lo hacen-. 
 Cuando el ser vuelve a estar en armonía, recreándose por la fuerza que el núcleo forzó en ellos, todos le regalan a éste un regalo por su libertad: el conocimiento adquirido en su viaje. El núcleo aprende y vuelve todo a funcionar como debería, el ser completo vuelve a caminar mas sabio y con mas fuerza.
 El impulso que genera la nueva unión lo hace sentir tan veloz y hambriento como un tigre insaciable, tan sensible como un niño, tan inspirado como un hombre disfrutando de la lluvia y tan libre como el ave en las alturas y corre tan lejos como puede buscando un nuevo lugar, con nueva gente, con nuevos desafíos y metas, nuevas canciones por escuchar y palabras que aprender, nuevos amigos a quienes conocer, busca ansioso el nuevo escenario donde quiera volver a destruirse, un lugar tranquilo donde caer.

 Tanto se destruye que se olvida que habla de él mismo y termina hablando en tercera persona. Porque es así, hay que aceptar que cambiamos y que todo cambia, si aceptando nuestra autodestrucción aceleramos nuestro crecimiento, ya que cuanto mas veces te destruyen o te auto-destruis, más conocimiento acumulado de tus partes dispersas llevas guardado. 
 Una advertencia, destruir a otros tiene sus consecuencias, una de ellas es perder varios de los tercos, estos mueren y jamas regresan. 

martes, 20 de septiembre de 2016

El dolor de la contaminación por desinformación (Diario, página 12)

 ''La verdad es el objetivo, el amor el medio para llegar a ella''
Hay un dolor que está muy presente hoy en día, va más allá de eso. El adolecer por atravesar la adolescencia es algo que está mas ligado a lo razonable: ''Adolece porque está en etapa de cambios'', pero ¿que pasa cuando sumamos a ese dolor -y ya hablando más generalmente hasta arrastrar a la juventud- varios nuevos factores a tener en cuenta, lo que llamaría toxinas espiritu-emocionales?
 Soy reiterativo, lo sé, pero siempre es bueno refrescarlo para mi también: el conocimiento empieza desde uno, y desde uno se mira el mundo entendiendo que el viaje al interior es paralelo al que se hace al exterior. Bien, teniendo en cuenta ésto ¿De donde nace ese sufrimiento ubicado en el pecho lleno de miedos y opresiones en tanta gente, llegando a oscurecernos hasta desaparecer? 
 Desinformación, fue la primer palabra que vino a mi mente al tratar de explicar lo que veo -me percibo y limpio- de la población joven en sí. 
Intentaré ser ordenado en ésta pagina, gran cosa.
Características de un alma sabia contaminada; el no saber es uno de las primeras alarmas. ''No sé que hacer de mi vida'', ''Ya no sé quien soy, no sé que hago acá'', ''La verdad, no sé que quiero'', ''No sé que va a ser de mi en un futuro''. El no saber y no buscar... ¿Por qué no sabes? y si no sabes y no buscas la respuesta entonces sos un mediocre conformista -¿suena duro? así soy conmigo mismo también-. Sí, se sabe, siempre se sabe. La respuesta casi siempre está en nosotros mismos y estoy seguro de ello, a veces se busca sabiduría mas allá cuando en realidad está justo dentro de nosotros. Uno de los problemas es que se programó para que las nuevas generaciones se subestimen. Si nos subestimamos no tenemos ni idea de lo que podemos lograr, de las capacidades que tenemos, del poder que dormido yace detrás de nuestra mente limitada por años y años de códigos subliminales. El alma sabia en éste cuerpo joven, entonces, debe atravesar años de punzantes toxicas: 

''Tenes que ser de ésta forma para triunfar, para ser exitoso, bello'', 
''Busca deliberadamente ser original y hacer cosas que los demás no hayan hecho para marcar tendencia, para mostrarle al mundo lo genial que te hicimos creer que sos en todos éstos años de programación audiovisual. Oh, y si no podes ser original por tu cuenta entonces... imita a los que sí lo son, siempre hay seres nuevos para admirarte aunque olvides quien sos con tantas caretas ridículas, pero ¡Que te hacen realmente genial!'', ''La moda te hace sentir bien con vos mismo, ¿o no? dejate llevar y sé parte de éste lindo rebaño, o el lobo guía se va a enojar y nadie quiere que éste se enoje ¿no?'', ''¿Que pasa, te cansaste de alimentar tu frágil ego?'' -Me encanta darle una entidad a esa energía que se mueve, darle hasta un sonido-. 
 Pensé que se describen por si mismas citando algunos pensamientos que puede verse a diario. Es raro ver a alguien con una personalidad autentica, esas son almas que no se dejaron inyectar las dosis, o en su defecto, lograron encontrar la cura.
 Por lo tanto tenemos un joven lleno de modelos inalcanzables, modas absurdas, desinformación, dosis de miedo, desarmonización generalizada, ego hambriento y complejos múltiples que la elite creó con minucioso amor para que como resultado de ésta hermosa mezcla nazca un ser depresivo, falto de voluntad, apagado y miedoso, fácilmente manejable y lejos, muy lejos de ser una amenaza ¡Sencillo! ¿no?
 No. Decir no siempre es la clave. El ataque es general, idiotizar es la tarea del perro con el rebaño y así manejarlos controlados -no digo guiarlos, no-, mientras los dueños de las tierras ven desde lejos tomando un rico té de hierbas que seguramente jamás conoceremos. 

Los dos caminos que se pueden tomar ante la contaminación si se nota en uno; 
 Morir. Dejar de ver, dejar de oír, dejar de buscar, dejar de gustar, de tocar, de decir, dejar de ser. Si elegimos morir estamos viviendo la mentira, es lo más fácil, en serio, imagínate un banco de peces todos apretados y juntos sin ver mas allá de sus aletas, a veces hasta no hay necesidad de nadar ya que el resto te lleva con la presión que ejercen sobre tu diminuto cuerpito. Estás ''a salvo'' en la mentira.
Vivir. Luchar por ver, luchar por oír, luchar por buscar, luchar por gustar, por tocar, por decir, luchar por ser. Si uno opta por vivir en la verdad es importante el compromiso, sabiendo que lo primero que hay que hacer es re-programarse. Al abrir los ojos les queda un trabajo diario de autoconocimiento y ayuda. Los que viven no tienen que ser egoístas. Su punto en contra es la desaprobación del lobo, y luego del dueño del campo. Por lo tanto cito una frase 
''Sean astutos como las serpientes e inocentes como las palomas''.

 Las respuestas siempre están en nosotros mismos, somos nuestro propio templo.
Veo, y veo, y vuelvo a ver y solo pienso en lo enfermo que se ha vuelto todo, en lo que nos han convertido, en lo que no quiero ser, que es lo que ellos buscan que seamos. Todo está plagado de bombas de lodo que penetran nuestra alma y la llenan de tapones de suciedad, de bloqueos - la musica, el cine, la televisión, las redes-. El secreto está en estar con los ojos y el corazón abiertos, y buscar respuestas incluso dentro del cardumen si es necesario, pero sin olvidar la poesía que nos caracteriza como seres humanos profundos, sin dejar de amar, sin dejar de lado eso que nos hace encender la llama de vivir. Porque somos mucho más de lo que creemos, o mejor dicho, somos mucho mas divinos de lo que ellos quieren que creamos.

viernes, 2 de septiembre de 2016

Soltar (Diario, página 11)

Hay humanos -para no generalizar- que necesitan apoderarse de las cosas, de las ideas, de las personas, hasta de los pensamientos. El apoderarse no siempre condena a la cosa, a la idea, a la persona objetivo o al pensamiento en sí, si no, uno se condena a si mismo. Como resultado se auto-esclaviza buscando (terco) ese resultado único, o la no perdida del mismo.
 El soltar conlleva cierto aprendizaje, se necesita explorar todo aquello que uno desea y anhela, saber cada detalle de los mismos, incluso si ésto lo lleva a la confusión. Podría decir que nada nos pertenece realmente, solo vamos fluyendo con los mismos y el encadenarnos a éstos bloquea la energía fluctuante. Por lo tanto cuando hablamos de soltar estamos hablando de liberar con amor, dejar ser, al dejar ser al otro -agreguemos a los anteriores un pasado estático y un futuro incierto- le estamos permitiendo transformarse. 

 Es de suma importancia que en la vida no haya temor al cambio ya que el no hacerlo es negar el funcionamiento regular del universo, estancando(nos). Insistir está bien, es luchar por lo que se quiere, pero en éste acto no es saludable lesionarnos al hacerlo y sufrirlo por sentirlo propio y predestinado (creo no estar siendo muy claro). En consecuencia nos detenemos en una nada por un tiempo indeterminado ya que uno no quiere perder aquello que sostiene con fuerza, y de a poco y sin darse cuenta un día dejas de mirar al rededor -estas muy pendiente de lo que llevas en las manos- para mirar lo que mantenes seguro y como si abrieras los ojos de pronto te das cuenta que ya no lo amas como al principio. Toda esa energía dolorosa que conllevó protegerlo(te) se encapsuló en la idea posesiva de tenerlo con uno. Esa cadena con el paso del tiempo se ha vuelto dañina al punto que cualquier cosa relacionada a la misma genera ansiedad e inquietud, llevando al ser a un estado de no-paz que produce desequilibro y por consiguiente el sentimiento de la nada 
(Sentimiento de la nada: cuando un ser cree y deja de creer, cuando éste choca varias contradicciones y prefiere quedarse estático a seguir sufriendo o mejorar ése sentir, se encierra en la nada, siente la nada). 

 Después de entender como funciona ésta parte en mí saque como conclusión que lo mejor es aplicar ésa palabra tan linda, soltar. Soltar porque nada es nuestro, esa persona que tanto se ama no es de uno, eso es una ilusión. Soltar porque ese futuro que creías inamovible se transforma con cada acto del presente y el destino existe solo si te mantenes en el ahora -todo es el ahora, incluso lo que viene-. Soltar lo que ''crees'' ser, las oscuridades, los sueños, los modelos. Soltar no se trata de perder lo que se libera, soltar se trata de fluir sin temor con lo que el universo te propone, porque en éste mundo demente es hermoso ir contra la corriente, pero mientras se hace es bueno en contraparte fluir con el universo: ésa es una forma de liberarnos.

jueves, 25 de agosto de 2016

Entre la fantasía y la realidad (Diario, página 10)

 Es ahí cuando contengo un aliento mirando el vidrio empañado por el calor propio saliente de mis labios, suturando las gotas de lluvia que se mueven hiperactivas, se chocan y retuercen antes de separarse en dos nerviosas lineas complejas -alejadas y unidas-, yo exhalo. Cuando el viento del invierno surca la mandíbula que clama mi paciencia y busca desesperada encontrar el porque del encantarme o desencantarme, una mirada o un gesto, un pensamiento o un sexo, yo inhalo. "Te exhalo, te inhalo, te consumo hasta cansarme" digo viendo el halo creado por el cristal frágil de esas almas que dibujan frases y se incrustan en mi ser. El roce de la piel santa actúa mintiendo verdadero placer, tacto de pensamientos aturdidos (al mismo tiempo) recrean verdaderos una mentira de real éxtasis, vicio de lo prohibido que se clava en mi vientre dibujando corazones que ahora tapo con vendas casi invisibles. ''Es que sin vos todo volvería a ser lo que era, volvería a estar perdido... una vez más'' se escuchó como un eco crudo por cada rincón del laberinto que ellos sostenían con delicada calma, hecho de hielo mezclado con crayones de no muchos colores. Mi piel se erizó y me quedé mudo hasta que solo pude escuchar mis pasos y aquella voz como un coro celestial que me seguía a donde fuera, como mis lapices de cera. Más tarde mientras apreciaba las hojas esparcidas en el piso en las afueras del hospital al mismo tiempo que viajaba a una moderada velocidad, compuse un nuevo manojo de sentimientos de los que no tenía conocimiento.
 Lo perdí, perdí el conocimiento para acto seguido terminar dentro de arbustos verdes y aromáticos -me recordaban a casa, a una casa que no era tan casa si no era más bien hogar, una campo verde donde descansar hasta de mí propio ser-, las ramas se enredaron en cada extremidad, mi cuello era lo único a lo que no se aferraban con fuerza, deduje que por miedo a lastimarme, acerté al observar el crecimiento instantáneo de flores en mi espalda y mi cabeza a modo de almohadas ante lo que después fue una caída controlada en un lugar oscuro -tangible-.

 Me paré sacando algunos pétalos de mi saco marrón, despeinándome noté como varios habían quedado incrustados en mi cabello -no me importó-. Había una caja musical a lo lejos y fui hasta ella ya que era el único objetivo que había aparecido en aquel lugar donde ni el suelo podía ver. Sentía aromas, canela, pan recién horneado, café tostado y no estoy seguro si era lavanda a lo ultimo. Sentía sonidos leves, crujidos de puertas abriéndose con cuidado, pasos a la distancia -en ascenso a algún lugar, subían-, risas y llantos. Mientras me movía, de vez en cuando me acariciaban, sentí dedos cálidos en la mejilla, un fuerte apretón de manos, un empujón suave y un puntapié que provocó una expresión de dolor que tardó segundos en desaparecer. Le dí 5 vueltas a la manivela, noté como se creaba desde la caja trazos blancos de lo que después sería con color un paisaje completo que combinaba al bosque y la ciudad, guardé en mi memoria cada detalle que pude tomar mientras sonaba ésa melodía, una figura borrosa abrazando a otra justo debajo de un manzanero, un perro esperando en una esquina -seguro y recto-, dos niños girando mirando hacia el cielo y un joven caminando debajo de la lluvia, alejándose de su destino (podía sentirlo).
 Todo estuvo en silencio de pronto, mis ojos se abrieron tan grandes que parecían ver más de lo normal, y ahí empecé a oír tan solo mi corazón... cada latido me desestabilizaba más y más, y en ese mundo cada uno de los mismos lo modificaba, lo destruía y lo cambiaba todo. Cada latido un amor, un dolor, un lugar, una musa, todo nuevo. Las imágenes, los sonidos, los cambios de temperatura, y los aromas esporádicos me llevaron a un punto de quiebre que derivó en un grito justo cuando la melodía se detuvo. Todo desapareció y la caja musical se me deshizo de las manos como arena seca, terminando en polvo que un falso viento se terminó llevando a lo profundo de la ahora, pacifica oscuridad.

 No había algún sentido que pudiera detectar, flotaba en algún sitio, pero no estaba seguro. Solo estaba yo, mi cuerpo y mi mente por un tiempo que no puedo precisar.
 ''Enamorarse, desenamorarse, es parte de aprender y crecer, el amor y el desamor solo pueden existir si vibran, se mueven y cambian'' soltó alguien en mi oído y sonreí.
 Algo rozó mis bolsillos. Los crayones, ahora en mi mano, tomaron protagonismo. Mi cuerpo logró detenerse en el vacío. Tomé el azul y dibujé un amigo: era pequeño, un quetzal regordete y mal dibujado, lo quise al instante; se posó en mi hombro y me mantuvo en equilibro. ''Proba dibujando un sueño'' escuchamos junto a mi amigo y asentí. Usando el amarillo tracé un camino empedrado hasta que me cansé de crearlo. ''A veces los sueños no son la llegada, si no el transito, porque éso es lo que realmente los hace bellos''. Me recosté y miré hacia arriba -o abajo...-, y me concentré en la oscuridad. Mi nuevo amigo sujetó el crayón blanco y dibujó la luna aferrado fuerte al lapiz con sus pequeñas garras de ave. Luego siguió con las estrellas, haciendo unas cuantas para mas tarde cansarse, y recostarse en mi pecho. Sonreí al verlo dormir, él sabía que yo estaba agradecido por dibujarme el firmamento. Le creé con verde y marrón un árbol hermoso y lleno de frutos -para los cuales creí conveniente el morado, el rojo y el amarillo-, y terminé con una linda caja nido en el centro.  Al despertarse voló varias veces, exaltado, al rededor de mi ser hasta alejarse con feliz aleteo. Volví a seguir el camino amarillo que resultaban ser mis sueños. Caminé y caminé, entretanto lo hacía me detenía a crear; montañas, flores, ríos, ciudades, animales, sueños, amores, tristezas, alegrías y personas... dibujé tanto que solo me quedó un trozo del lápiz de cera blanco. ''¿Que piensas hacer con ese ultimo trozo de crayón?'' me susurraron y me puse a meditar.

Hice un rectángulo y una manija, justo ahí mi crayón se deshizo. Todo ese mundo cobró más fuerza y me saludaba con vigor, me despedía con libertad. Abrí la puerta y pasé.
El cristal volvía a ser cristal, y yo volvía a ser material de nuevo. Bajé del transporte y miré cada detalle de mi rostro en un vidrio espejado, sonreí levemente, exhalé y lo empañé. Dibujé el quetzal con el dedo índice y seguí mi camino buscando, sólo buscando.

miércoles, 22 de junio de 2016

Un desconocido (Diario, página 9)

 ''Un desconocido'', suena un tanto básico y para nada dañino, así mismo es una de las cosas más gélidas que le dijeron en su existencia, junto a un par más que guarda en algún lugar de su mente, algunas inconscientes ya, pudriéndose en un rincón.
 Contener ese nudo en la garganta mientras caminas por el asfalto para, acto seguido, respirar profundo entretanto escuchas una canción que te dedicó un mes atrás, fijando la mirada en lo alto de los edificios y la belleza que se crea durante el sol del atardecer, dorado, se refleja impoluto en los cristales más elevados como si helios hurgara cada habitación buscando el amor o almas a las cuales iluminar. 
 Caminar entre cientos de seres de diversas formas, enfocando su mirada en una oración que parece estarse sellando en tu frente con tizas de colores opacas mientras sus pasos, cortos pero firmes, liberan dejando un vestigio de polvo, eso que vas perdiendo de vos fragmentados en pequeños montículos de confianza diluida. 
 El viento surca los cielos y choca directo en sus ojos que se resisten a formar curva alguna actuando rígidas pupilas que en ese instante solo reverberan soles pero no dilatan. Visualizas dos amantes a lo lejos, sentados -callados- fijados arriba como si su vida dependiera de ello. 
 Tocas tu bolsillo caliente por el fuego de tu mano que arde y tiembla leve, como si quisiera cobrar vida y tomar sus propias decisiones y al fin dejar de servir, no aceptar más ordenes de una mente tan volátil que da hospedaje a un alma tan confiada. 
 Es temprano para llegar a destino y un improvisado asiento de cemento lo espera con la luz perfecta de un rayo ultravioleta que le deja un espacio para descansar. 
''No pienses'', dice mientras suena otra canción en sus oídos que aleatoriamente aparece en su lista de reproducción y le recuerda un él de un día atrás esperando una respuesta simple a una pregunta desesperada. Así que apoya su espalda y respira de nuevo. Puede escuchar detrás del compás del bajo una sutil fuerza que vibra posterior a los tímpanos, es otro recuerdo naciendo y muriendo, perdiéndose y encontrándose, una y otra vez como si al entrar en su consciente los enviara de un golpe más atrás, para abatirse en el pozo que ya contiene todas las abnegaciones y dolores del pasado, algunos ya convertidos en demonios pequeños buscando alimento. 
Ve la imagen de una aurora plateada y amarillenta que creó la luz y lo acompaña de nuevo en su andar, a modo de una verdad frente a sus narices: baja los parpados con fuerza y se frota con sus suaves mangas de invierno, tampoco quiere ver. La mano cálida contrasta, soberana, su cuerpo frío mientras una vena dibujada aparece en la izquierda indicando el camino al corazón, directo a él. Ese vapor que sale de sus pulmones, esas miradas buscándolo como si a éste le importase -ahora-, cuando de nuevo se siente un poco perdido, es sincero y por dentro se dice ''No me necesitas, no soy más que un desconocido'', para luego clavar esa miel -que a veces es avellana, otras madera oscura-, y que son dos, en el otro, como jugando a ser el dueño del deseo. De pronto detiene su corazón, apaga su alma, se rinde ante la incapacidad de amar del mundo y la acepta como si fuera un regalo: se congela un par de horas.
 La noche cae y el celular suena varias veces de forma sistemática, solo aprieta un botón para ver el tiempo donde yace, nunca llegaría el mensaje que en verdad esperaba y le importaba. Vuelve a perderse en sus pensamientos y empieza a derretirse aunque su cuello todavía ni se inmuta cubierto de escarcha a causa de su imposibilidad de articulación al intentar explicar porque ''es tan importante una estrella fugaz en su vida cuando conoció algunos soles que le permitían dormirse bajo sus rayos etéreos''. En camino a casa se empieza a quebrar después de todo un día petrificado en el mismo sentir. Cierra las puertas de su habitación luego de unos segundos. Tiene un té recién hecho a su izquierda que humea y dibuja palabras sueltas en el espacio. 
''Dejame ser'', recuerda y se acuesta al lado de la funda de su guitarra, parece tomar forma y emitir cierta calidez mentirosa, la aparta. Busca en su bolsillo su único portal a él, acaricia sin querer las cuerdas de su instrumento que dormía en la pared y luego el silencio. Recién ahí, descongelado, deja reposar su mente en una lectura rápida que aparece de la nada, irrespetuosa pero oportuna.
(...) ''Los miedos, van todos al mismo bar a beber y a reírse de nosotros. Lo copado es compartirlos. Cuando escuches una canción de éstas que te dan miedo, acordate de este momento. Ahora. Y listo. Me dijo. Nunca me dejó de mirar a los ojos" (...)
 Terminó de leer y miró el techo, el foco se movía levemente, como expectante. Toma un sorbo y huele la infusión vertiendo al exterior un ultimo recuerdo.
''Dejate ser'', proclama en voz baja como si él lo escuchara desde lejos luego de haber roto el puente que los unía -une, los une, lo sabe, nada se rompió, sigue intacto, no se miente-. Luego pudo llorar y fue dulce, sintió como varios canales se abrían en su interior. Él no llora por meses y meses, aunque desea con fuerzas poder hacerlo. Antes de soñar, y en ese estado previo a ese otro plano, vió como algunas palabras se chocaban entre sí, peleándose por quien iba primera como si de un ataque de dislexia repentina se tratase. No recuerda bien más sólo puede articular una frase
''Sos poesía por tu cuenta'' Esa noche durmió tranquilo.

martes, 14 de junio de 2016

Dejar ser (Diario, página 7)

 No pensar las cosas siempre me resultó un tanto complicado, hay momentos determinados en los que no pienso pero porque no me tomo el tiempo de hacerlo o no lo tengo, y eso no significa que sea precavido ya que éste ser con todos los defectos y virtudes de un humano es sumamente impulsivo -cosa que me juega malas pasadas casi siempre-.
 Es que en el pensamiento me examino y examino al resto como un explorador de la vida, viendo cada detalle y deduciendo posibles acontecimientos futuros en base a ello, o problemas que resolver, heridas que curar, rasgos distintivos de personalidad, que cosas ''no'' hacer para no lastimar y mil más. Pienso y pienso, y vuelvo a pensar cuando hay veces que al parecer solo se necesita sentir y ya, ¿por que poner tanto la mente en asuntos del alma/corazón? 

 Existe un ser que me está revolucionando hoy día, pero yo no a él, creo, no sé, posiblemente, puede que un poco, algo, mucho. No, no sé. Es que no puedo descifrar sus movimientos como me pasa con el resto de las personas, no puedo empatizar hasta el punto de saber por donde ir o por donde va a ir, simplemente no puedo. ¿Sera esa una de las cosas por las cuales lo sigo de una forma tan impulsiva? Me siento como un lienzo con la capacidad de ser pero si es necesario modificar alguna gama de colores si a su vista perjudica ¿Y eso está bien? Es nuevo para mi el sentir éste tipo de... ganas de ir y volver, y curar y suprimir, obsesionarme y desinteresarme, es un conjunto de cosas que hacen que mi alma se confunda más todavía, y salga una faceta a cagarla estrepitosamente y a las dos horas otra que arregle un poco las cosas. Me siento fuerte pero un tanto idiota, y algo que suelo hacer es imaginarme a mi, ver mi ser completo, desde otro angulo alejado como por ejemplo en éste caso otra persona, y lo que veo es: obsesión, drama e irritabilidad, con idas y venidas de ternura, razonamiento e infancias compartidas, inocencia que luego se convierte en un instante... en deseo carnal. No me obsesioné nunca con nadie, tampoco lo hago, y quizá eso se malinterprete desde afuera por la necesidad de conexión, o el aprovechamiento de la misma en los tiempos que puedo al no ser así cuando no estoy -física, emocionalmente-. Drama, lo aprendí de él, soy una persona que necesita calmar su océano de emociones y no llevarlos siempre al extremo. Si, es hermoso sentir fuerte pero cuando eso te desequilibra o desequilibra a la otra persona... ahí nace el verdadero problema (esto me recuerda a casos anteriores...)
 En la vida hay que saber arder, a veces hay que ser un sol radiante de mediodía, otras un incendio desenfrenado de deseo, quizá una llama de vela en momentos oportunos o arder como una fogata en invierno. Es importante saber que no a todas las personas les gusta el mismo tipo de calor. Y la tercera que me genera desconcierto es la irritabilidad, así que durante un viaje en colectivo pensaba de donde nacía -en éste caso particular- ese sentimiento que no pasa de frases impulsivas. Busqué la chispa que lo crea, ese punto álgido. En la vida en general soy un ser muy estable en ese sentido pero en éste caso lo crea la necesidad de atención, el ''Acá estoy, dale, vení''; perfecto, me propongo a domarlo porque no soy un alma que se niega a cambiar -siempre que ésto lleve a una forma más perfecta de mi evolución-. Entiendo y veo a la vida como un cuarto viejo y desprolijo al que uno limpia y a medida que encuentra suciedad o roturas se lo va lavando y arreglando.
 Y estoy yo caminando por una vereda de Recoleta mientras miro un celular con ojos de nene y trato de calmar mis impulsos, de respirar profundo. Soy un caos de sentimientos y emociones y no encuentro la forma de tranquilizar las aguas, aunque hace años la busque y haya mejorado enormemente. Porque quiero ser su amigo, su amante, su mezcla homogénea ¡Pero voy muy rápido! Y es cuando la lluvia se transforma en tormenta y soy viento, rayos y lluvia torrencial y en una casa de tejas y una chimenea caliente alguien me dice ''Esperá, tranquilo, no pensé que iba a ser así de intenso'' y calmo mis truenos, y calma mi lluvia, y bajan los vientos por un día a dos, tres o cuatro, cinco o seis. Y yo estoy en el cielo y él en una casa de tejas con una chimenea caliente. Entonces me tengo que abrir y despejar mis nubes húmedas dejando paso al invierno estrellado que viene y bajar en forma de un ser físico estable:

 y si en esa nueva forma humana vuelvo a ser un aguacero, bien, intentaré llover sobre los vidrios de las ventanas; y si quiero ser un vendaval, bien pero será fuera de la casa y no apagar el fuego; y si quiero ser un rayo, caeré lejos para que no te asustes con el estruendo del trueno. 
Sin pensar, dejándote ser, y sobre todo... siendo. 

domingo, 5 de junio de 2016

Musa de mármol y trepadoras (Diario, página 6)

Uno se autoconoce a diario, todos los días. Se autoconoce cuando le pasan cosas nuevas, cuando sienten cosas nuevas, cuando conocen gente nueva. ¿Que es este sentimiento que se revuelve en mis entrañas como un hombrecito despertando de apoco? Más abajo remarqué lo importante que era la poesía en mi vida, la magia en mis días, pero la pregunta es: ¿A que costo?
 Pienso con imágenes, muchas veces no puedo poner en palabras algo entonces simplemente doy la metáfora de éso mismo, por eso es que ahora mismo me limitaré a decir lo que siento en una cinemática y luego argumentarlo; 
  Campo de rosas espinosas con un aroma dulce y cautivador que resulta hipnótico. A lo lejos del camino hay un templo donde nacen las semillas (que esparce luego el viento) pero apenas consigo verlo bien, de vez en cuando la niebla que cubre todo el lugar se disipa -como si me tuviera compasión- para que investigue un poco. Sigo aunque a veces me duela. Hay momentos en los que fuertes vientos del pasado azotan y, frustrante (realmente frustrante), me llenan de ganas de quedarme sentado y concentrarme en el cielo. Sigo. Sigo porque hay algo a lo que cuidar y dentro está algo que busco, algo que no estoy seguro que es pero sé que lo necesito (me necesita) para funcionar. 
 Y así funciono, con imágenes que a veces siquiera puedo describir y cuando lo logro, que es en el mayor número de los casos, me rehúso a explicarlas. Me gusta tanto esa fragancia que sigo a pesar de todo y aunque las espinas se hacen más gruesas al avanzar... de alguna forma mi calor corporal hacen que sedan un poco y alivian. 
 Eso piensa una parte de mi, mientras la otra, la que comparte la poesía con ésta pero no es tan frágil ni emocional, está enceguecida con que no es buena idea, me pide que corra entre las plantas y me lance muy profundo en el primer río que encuentre, que si bien no es de mi gusto por el frío, éste calmaría mis heridas y me volvería a dar, sin sus ataduras, la libertad que acostumbro. 
 Sigo. Uno puede seguir un camino sin tener objetivos fijos ¿saben? pero no pueden tener objetivos sin andar, porque entonces estás mas perdido que en el medio del mas frondoso bosque. Yo sigo un aroma, una intuición, un misterio; ¿pero que si eso que uno sigue se va escapando entre lobos y dibujos coloridos? Es tan tarde y es tan lindo el planteo que resurge en mi mente, y es tan lindo la imposibilidad. Podría desaparecer de tu vida mañana, impulsivo como soy, en un instante: juro que en un instante. Pero también podría hacer de instantes un pasado que como fantasma pueda volver a vos cuando un alma ornamentada quiera curarte. 
 Soy intenso, vivo con sentimientos que explotan, vuelan, se agradan y escapan, eso nunca va a cambiar. Necesito información, que me estrelles en los ojos una tarro de tinta si lo necesitás, o me dibujes en la piel lo que sentís o pensás, ¿Y si escribís un manual?, no tan solo esperar que... la lluvia cese. 
 Podrás transformar mi día a día en espera, y tu tiempo en poesía. Podrás golpearme con desinterés o contarme mil historias de amor que aún te hacen latir fuerte el corazón. Podrás hacerme helar, o encenderme: pero pase lo que pase, desaparezca antes de caer, agradezco que al momento me hayas ayudado a volver a examinar una emoción, agradezco que me hayas ayudado a volver a sentir.