viernes, 21 de septiembre de 2012

Teatro


''La escena ha terminado'' me dijo y miraba directamente mis ojos. Yo los tenia húmedos, aunque no había llorado aún. Tardé unos segundos en comprender que no era la mirada de siempre, supongo que no resolví bien la situación, solo seguí mirándola desde arriba del escenario -con un rostro patético- parecíendo seguir interpretando ese estúpido papel. Sentí dolor, pero no ese dolor que es de uno, otro tipo, ese dolor que vá más allá del entendimiento o la razón, un dolor que se camufla en heridas imperceptibles y que ambos comparten pero que nadie es capaz de decirlo a viva voz.
Bajé despacio, haciendo un gesto a mi compañero de elenco, creo que entendió a que me refería. Me acerqué lentamente y miré su boca, -agrietada pero húmeda por las lagrimas- esa boca que tantas veces besé en sueños, o en delirios, raíz nata de mis dolencias. Toque su rostro con inmadurez, como cuando un niño da su primer beso, no sabe realmente por que lo hace, solo sabe que quiere sentir lo que sienten aquellos actores de peliculas que apenas entienden. Ella levanto su mano fria y acarició mi cabello. Podía verme reflejado en sus ojos grises, -tán similares a los míos - pero con un brillo diferente. En mi mente trataba de crear las oraciones que podría decirle, pero no lograba nada bueno como resultado. ''¿Entonces, que tienes para decirme?'' dijo y miró al suelo transformándose también en una niña, esa niña que hacia tiempo no veía. ''¿Nada, verdad?'' continuó. Sentí fieras carcomiendo mi inseguridad, dementes miradas esperando un desenlace preciso. Nada salió de mi boca, solo una lagrima caminaba por mi mejilla derecha, refrescando tal vez, mi vergüenza opresora. De pronto un ''Perdón'' salió de mí. No estoy seguro por que lo dije, apenas sabia quien era entonces. ''¿Perdón?'' me dijo y esta vez cambiando el tono de voz, volvió a ser adulta una vez más. Lamentaba mucho todo, pero no sabia que era lo que lamentaba. Una parte de mi cerebro -que parecía desconectado de mi cuerpo- estaba demasiado ocupada en aquellos seres inmóviles. Mis manos sudaban y no entendía si los ojos de ella transmitían amor o alguno de sus derivados. Tenia que actuar, sea lo que sea, pero tenia que hacer algo. Sin romper ese lazo que unía nuestras pupilas acerqué mi boca lentamente a la suya, con precaución pero decidido. Segundos antes de que mis labios tocasen los suyos cerró los ojos y una lagrima mojó de nuevo su boca -quedando entre el beso- lo que le dió un significado más dramático, tan profundo como su corazón o lo que sentía por ella o ella por mí. No sabia aún que mascara teatral estaba usando con ella, solo sabia lo que sentía cuando nos unimos formando un nuevo ser. Un nuevo ser que luego de separarse sonrió, pero no por nosotros. Creo que fue todo muy creíble. Todos se levantaron y nos aplaudieron de pié, mi mascara se agrietó y solo quedó apretar su mano y saludar al público.

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