Supongo que es uno de esos baldes rotos que uno siempre necesita para volcar un poco de su mente corrosiva -que tal vez solo le importe a pocos- y que es un poco de vos y un poco de aquellas personas que, como perseguidoras sombras constantes, aparecen cuando la luz impacta nuestra figura, y las otras - mis preferidas - las que acompañan nuestra oscuridad con un café en la mano derecha y tu cabello en la izquierda. (tan sólo catarsis)
jueves, 2 de mayo de 2013
Bohemio
El escenario era el mismo, noche de lluvia fresca sobre la ciudad de luciérnagas hipnóticas, Insomnio que percude en sus escleróticas formando ramas rojizas -temporales-, la imperfección que da forma a la simetría de la mirada. Pared empapelada de humo sediento de melanconlía. El cuchillo girando, agujero negro, absorbente, cofre de todos sus pensamientos: la noche hace que todo se vea más elegante. Sentado junto al vidrio empañado, coloca amor como azúcar en su taza de café, al mismo tiempo, mira el mundo con ojos llenos de esa continua fascinación que lo hace esperar un motivo por cual celebrar su bebida, insatisfecho reclamo permanente de injusticia. Las luces se reflejaban en los charcos, la fusión perfecta del lienzo y el color. El cielo sollozando alegría gime con fuerza luego de flashes blancos que dan forma a una sombra larga sobre el asfalto húmedo y quejoso. La niñez por fuera jugaba a la rayuela la cual -dibujada en baldosas marmoladas- esperaba el momento que llegue el final para que ésta se perdiera en un recuerdo y desapareciera con ella. La juventud vestía arco-iris y besaba un espejo viejo y roto mientras su mano derecha acariciaba una estatua bastante viva que no dejaba de balbucear palabras que aquel no entendía. La vejez caminaba bajo la lluvia con los brazos abiertos, desnuda se reía con fuerza mirando hacia el cielo y dando giros al mismo tiempo que se movía de un lado hacia otro sobre el césped que -aunque mojado- parecía el lugar perfecto para descansar. Se detiene el remolino, le falta dulzor, la amistad es buena opción. Los autos daban conciertos al compás de la agria música que se escuchaba en el Bar de las flores, el violín crepuscular imitaba al canario, un contrabajo haciendo cosquillas en su cerebro, un piano tocando cada célula de su piel agrietada con tintes verdosos y una voz haciendo que apretara con fuerza su taza. Olor a roble y tabaco, recuerdos nostálgicos y un par de tangos jamás bailados, perdidos -tal vez- en la penumbra de un salón de piso azul francia ahora húmedo.
Abrió la carta después de un par de horas, ''No se puede manipular el destino sin jugar con la vida misma'', sorbo automático. No era de su agrado, todo lo demás fue vertido. Bolsillo derecho de su saco negro opaco, a la boca la negrura del sabor de lo prohíbo, blanco y negro sus colores dentro y fuera solo un grito, tortuoso, paralizando hasta la mas minúscula gota de lluvia de la ciudad bohemia. Segundos después el silencio cubriendo el lugar, la quietud de los buenos aires, la canción que sin voz se quedó, la fascinante y perpleja mirada del que sombrero llevó. Las lentejuelas rojas que de brillo llenaba la sala se movieron entre las mesas de madera talladas a mano. Costaba diferenciar la niebla del humo de tabaco de la sala. La rubia cabellera corrió hasta salir por la puerta situada en un fondo oscuro, casi tan perverso como el pensamiento mismo que de su café volvía a emerger cuan cubo de hielo sobre el agua. Un sorbo y la elegancia de la persecución ultrajante, el destierro de un alma vagabunda corriendo sobre las calles pedregosas de los aires viciados. Era tal el silencio que cada risa de la fémina rebotaba en cuan pared su sonido llegase. Los oídos embelesados de rojo destruían cada tejido vivo que tocase, toda molécula rebelde que se animase a continuar. El norte sanguinolento que de sus venas comenzaba a circular, las gotas de lluvia que al chocar por su frente comenzaban a participar, los músculos ahora vivos moviéndose sin cesar y su barba recortada denotando la ácida madurez de lo vivido. La taza todavía en sus manos rebelaba cada vez más, varias palabras recortadas de diarios mostrándose sin vaticinar aquel destino avergonzado que no quería mirar. A la vuelta de la esquina una figura particular comenzaba a gritar mientras saltaba con sus manos abiertas alejando las minúsculas moléculas que detenídas permanecían. Era tan sigiloso como un gato a por su presa, tan elegante como su perfume europeo acentuando su demencia. Los cabellos rubios y la boca abrillantada de amantistas lo miraron a los ojos, dejando pasar su lengua por ella, articulando una corta oración que le irisó la piel. El azabache nectar todavía caliente estaba totalmente cubierto ya por los papeles que de unos tragos -denotando su machismo frente a un par de tacos- ingirió entero. En la borra, el asesino. Levantando su mirada y completamente vivo la mujer clavó en su pecho lo que alguna vez fue frío, lo que alguna vez le perteneció. Arrodillado y observando su rostro, la putrefacta mirada vacía de la muerte que opada por su cabellera soleada le partió el corazón. Se puede matar a una persona dos veces, pero solo si logras revivirla una vez. El rojo desapareció entre la luz y la neblina, campanadas sonando mientras el tiempo corroía. Su cuerpo junto a la lluvia implacable, la taza rota a metros de su meñique inundado de color. La niñez cayó, La juventud lo abandonó, La vejez lo acobijó. El bohemio y el suspiro, el final, el adiós.
domingo, 24 de febrero de 2013
Planos
Es libre en la acción, no solo en el sentimiento, que escabullido en el tiempo -arte- se retuerce a gritos en alguna parte de nuestro cráneo de amatista. Reflejando tantas veces como se le permita, un orgullo renacentista envuelto en seda multicolor, inservible si se busca calor, porque el frío de noches de invierno te azotan aunque te gusta que tu piel muera en silencio, sintiendo así mas calor en tu pecho que en tus manos -purpuras y secas- moviéndose junto a la brisa y el canto de pichones inmaduros, con voz pero sin reclamo, desde su nido materno. Los ojos cerrados no ven pero imaginan, las campanadas solo advirtiendo encuentros, a la hora de partir. Sueños tan rotos como ese vaso de whisky que se deslizó por tu cintura: que bajó como subió aquel seco material a tu cerebro, blanco y plateado, hermosa locura empañada de soledad.
Dos los acordes sonando a lo lejos, Re sosteniéndote en silencio, La melancólico gimiendo - perplejo- desintegrando cada célula muerta debajo de tu cabello enloquecido, mezclado con varias paginas de libros viejos y polvo virginal, sentimiento de superioridad erróneo pintado sobre tus uñas color miedo.
Cuando menos lo esperas, la llama del sedimento marino hurgando tus posesiones, incomunicando a lo más preciado de tu brillo ocular, minerales jugosos con parpados de tela. Posterior al rayo de luz que idealizó tu figura motora, mecánica de una diosa mortal enemiga del cielo y el amor, de la piel que dio el nombre a la amargura, varias gotas de rocío sobre un árbol nacido en Troya, pacífico sin corazón, hipócrita caminando entre la guerra: Tomas el veneno tan rápido como sangre transporta tu arteria, arrancada hace siglos por una tenue facultad posesiva que te llevó a la locura, rodando por praderas infectadas de sueños, cortando flores crecidas de la sorda monotonía, volando como harpía cerca de la novedad existencial.
Eran tan claro el cielo y tan brusca su canción que cuanto más se escuchaba mas era la necesidad de abrazarla, tocarla, sentirla y cantarla, aferrándose -cansada- a una gargantilla de perlas atada al demonio inventado del materialismo, confundido, enamorado del sol.
La flecha invisible interceptada por el ente vacío, ese corpulento argumento de fétidas melodías vagantes, compañeras de Argos y sirenas, palabra santa: Certeza y cadenas.
El error, surcando los cielos llegando desprevenido, chocando frente a tu cara, dejando un marco en el piso -fósil típico y conocido, teñido de tonos verdosos con líneas carmesí y obreros infatigables, una tarde de impacto conocida ya por la roca madre sollozando crepuscular entre la marea y el cosmos:
El aire le pertenece a una voz casi táctil -gritando cortada-, ''lienzo olvidado lleno de arte'' al error más inhumano conocido, nuestra existencia, que muere y desespera cortando las cuerdas de un harpa agonizante, llameante, que pertenece a un mundo de tonos grises y rojos profundos, azules claros y cielos únicamente nocturnos, cubierto de vidrios rotos, donde solo se acepta el polvo de diamantes que con tu dedo meñique limpias de tu nariz.
Un minuto.
Tu nariz inundada de lagos, desesperada en la profundidad de tu miserables promiscuidad. Rostro dejando sobre la marea trazos de pintura creados a partir de un maquillaje soluble -máscara teatral griega- por fin despertando insegura, no faltando a la regla de no ser lo que no existió, conformándote (para reducirte) a un Re y un La, a la certeza y las cadenas, a gargantillas de perlas y demonios enamorados: A polvo de diamantes, Ciclo de escapes, sobredosis de alma. La droga y la muerte, Cocaína dentro de tu corazón.
sábado, 8 de diciembre de 2012
Autorretrato
La sangre formaba -envidiosa de la acuarela- rosas en lienzos de color plata, brilloso, que lastimaba mi vista. Un pincel manchado de misterio era lavado fanáticamente dentro de un vaso lleno agua coloreada o repleto de colores acuáticos. Nada es lo que parece le gritaban, nada es lo que se simula, nada es lo que se puede ver con los ojos, con las pupilas dilatas después de varias dosis de libertad. Dejó de lado el cuadro, no valdría nada luego de terminado, entonces empezó a hacer otra obra, en su cuerpo retorcido, en su mente cíclica, en su corazón terco.
Comenzó pintando con furia sus dedos, uno por uno, parecían gustarles, él podía escucharlos reir -entre varios otros sonidos, la mayoría de truenos que se manifestaban tanto afuera como adentro, la mayoría de gotas que golpeaban su ventana- y morir frente a sus ojos inamovibles. Luego de pintar de blanco sus manos hasta su antebrazo continuó con lo demás, estaba seguro que no hacía falta pintar todo su cuerpo, solo lo que él creía conveniente y necesario. Estaba descalzo y fué su segundo objetivo, esta vez un verde, un verde mezclado con tonos tierra, y lineas negras que subían por sus piernas de forma desordenada y terminaban haciéndose nubes olvidadas en sus rodillas. El pincel se hacía cada vez más transparente, como si de alguna extraña forma de este saliera todo recuerdo o color. Él lo notó pero no le importó y continuó con su primera verdadera obra de arte, su miseria. Siguió con un rojo y pequeños detalles en naranja sobre su pecho, un cielo casi apocalíptico en su torso denotaba claramente lo que sentia y pensaba, lo que ocultaba y sentía carecer. El pincel ya parecía de vidrio, podía reflejarse en él, podía ver a través de él, todo dependía de como quería y sentía ver. Ya teniendo pintado los brazos, las manos, los pies y la mitad de las piernas creyó terminar con el desahogo infinito que calmaba su afán imperialista y empezó a colorear su cuello de un amarillo insolente, de un sol clarividente, superrealista. El vicio llegaba hasta sus mejillas donde cambió a un violeta profundo cubriendo todo su rostro, exceptuando sus ojeras, que aún conservaban su tinte original -no le importó demasiado, una mente, un lago, un océano, el horizonte silencioso, profundo- tan natural que casi resultaban ser perfectas.
No, no era suficiente, necesitaba una visión diferente frente a una realidad mentirosa y por eso se pintó de dorado los ojos, un pensamiento caritativo pintando su mente de celeste y por fín, se quedo -varios minutos de silencio absoluto, como dormido, soñando, o solo perdido- pensando que colores quedaban por usar, -''Muchos'' escuchaba que decian de alguna parte de la habitación- hubiera sido más fácil sin esa incapacidad e inducción tan notoria, tornándose callista en cortos minutos. Y su alma, y su interior, quien pensaría en ello, es una pregunta que se repetía tantas veces como respiraba, Tomó su vaso de colores y se lo bebió.
Perfecto, demente, perfecto demente resultó ser el callado malabarista de emociones. El suicidio más hermoso que se vió, la pintura más perfecta que se pudo ver en la galería. No, el no existió, siempre lo supo, desde el principio. El sabe perfectamente que fué una idea de hombre, que fué un boceto coloreado que se arruinó por el descuido. Ahora, el accidente, bella subrealidad manchada de arcoiris, ¿podría seguir siendo sabiendo que es un error? sabiendo que su vida solo fué una casualidad y que en un mundo paralelo todos lo ven colgado, tieso dentro de un rectangulo, seguramente posicionado en la esquina donde solo lo ven los más observadores. No, el callaría y se mantrendía coloreado, pero aunque quiera caer, gritar, desaparecer, o lo que sea le es absolutamente imposible.
Un gato gris -viejo como su estadía- se sienta todas las noches a observarlo respirar, le debe llamar la atención los brillos que causa la luz entrometida en los colores de su figura, en la obra, el desastre materializado: o quizá solo mira, ido, como alguna vez fue y quiso ser él, pero encerrado se limita a pintar, por siempre, una obra interminable que bautizó como ''vida'' en un universo que realmente siempre fue y será, por los siglos de los siglos, blanco y negro.
sábado, 24 de noviembre de 2012
Viento
Se detuvo en la montaña más alta que encontró y miró hacia abajo tratando de esquivar ese sentimiento barato que -mezclado con superficialidad- calmaba sus ansias de poder. Daba vueltas sobre si mismo dejando rastros circulares en una tierra seca, oxidada, roja. El viento contemplaba su figura cálida aunque no podía ver su rostro manchado enteramente por orgullo. Varias alas de tonos grisáceos se deshacían a su alrededor al ser golpeados por voces de sopranos dramáticas y jóvenes tenores cantando canciones de cuna simples pero con varios tonos graves difíciles de alcanzar. El mundo daba vueltas en sus ojos y dentro de él. El cielo no era más que una constelación vacía que se movía frenéticamente hacia un lado, a toda velocidad. No era más que un lienzo irresponsable que no dejaba de moverse, que se permitía rayarse así mismo con lineas rectas -blancas- que con cada giro iba cambiando de posición, pero siempre desde el mismo punto de partida. El viento quiso acompañarlo y se amarró a él como un barco a un muelle, dejándose llevar con la velocidad de sus vueltas. Se podía ver como alrededor de sus pies empezaban a aparecer varios hilos de aire que lo rodeaban, luego pasando a sus piernas y por fin cubriéndolo por completo, tan ácido, tan calmo, tan sarcástico que empezó siendo un grito de guerra y terminó siendo la guerra. El cielo se oscureció tapando cada una de las estrellas, los arboles comenzaban a alabarlos con sutiles movimientos repetitivos. Él, incrédulo, alzó sus manos hacia sus lados, simulando un vuelo que lo hizo flotar varios metros dentro del largo gusano de viento. Sus ojos cerrados parecían no querer abrirse y ya se ubicaba a varios metros del suelo, tantos que podría ver las nubes teñidas con la luz de la luna -que apenas se podía asomar entre ellas- alejándose. Varios relámpagos acompañaban su baile aéreo interminable, paradójica forma de cambiar su personalidad tenía, paradójica forma de ver sin ver, tenía. Alguna vez en alguno de sus sueños olvidó como volar en el plano físico. Fue ahí cuando empezó a desaparecer su materia y se volvió invisible ante ojos humanos, fue ahí cuando empezó a absorberlo todo. Llegaban a él todo sentimiento imperfecto derivado del amor, llegaba todo lo que de forma innata se le ofreció al hombre como arma blanca. Cuando se sintió satisfecho se cerró a sí mismo, bajo los brazos que erguidos acompañaban los bordes de aquél tornado y lentamente empezó a bajar la velocidad de sus giros, empezó a verse una vez más, comenzó a caer mientras el gusano se abría y todo se convertía en silencio. Tardó varios minutos en caer, lo suficiente para que despertara y pidiera un deseo ya con los ojos abiertos. Todos esperaban el momento de la caída y su efecto, pero solo dejó un pequeño agujero en la tierra al golpear su cuerpo en aquella cima fracturada. Un agujero de donde comenzó a emanar agua pura, que en forma de cascada, lloró por siempre purificando al mundo y renaciendo en la mirada de cada recién nacido.
domingo, 4 de noviembre de 2012
Sonidos
Entonces se detiene, en medio de todos, en medio de ella, en medio de si mismo. Grita llamando su atención pero -afónico- decide quedar callado e intentarlo nuevamente en otra ocasión. Sobrestima sus sentidos e imagina una figura crepuscular frente a él que cuan falso reflejo extraído de memorias opacas, baila al compás de notas de piano. La madrugada se expresaba, se olía y se escuchaba, porque la presencia si es presencia lo inquieta, lo sacude y lo derrite, ofreciéndose luego como trago.
Se derrumba ante un cataclismo material humano, encadenando siempre su alma a la vida que ahora comparte y -como espejismo- parece siempre haber estado allí. Ella confunde las paralíticas formas que la razón transforma y se deja llevar por una brisa gélida que nada tiene que ver con su interior. Rompe el silencio con el sonido de una voz acelerándose, apresurando su tempo de forma paulatina y esquiva, pero singular, única, sobre todo única. Su caminar, afable caminar, deja como vestigio sangre mezclada con acrílicos multicolores -aunque se mantenga sepia nada lo está en sus polos, nada decae en sus horizontes-. Desde lo más alto del precipicio acompañada del alma de aquél, que si bien no se conocía con la suya ya lo hacían desde antes que pudieran contemplarse. La tiene, en sus brazos, deteniéndola, apartándola, alejándola, acercándola. Pero se limita a mirarla, impávido ante el ser, porque las lagrimas suelen transformarse en arte (conformando un nuevo vos, pulído y pigmentado) y los amores en sonetos vacíos que tan bien se reflejan en la boca de ella. Sacudiendo el Olimpo con sus manos derrocha ambrosía sobre su espíritu antiguo, sobre su alma cansada, su rostro otoñal que tanto la caracteriza. Apolos y Artemisas sollozando en rincones, materializando cascadas segmentarias que se dividen de acuerdo a su estado de animo. Formando nubosas alejadas las cuales servirán de refugio en época de hambruna, busca impaciente la perfección cuando siempre la tuvo en sus manos. El calor de sus labios anestésicos le impiden decir lo que siente frente a la unión predicha aunque puede demostrarlo, sentirlo y admirarlo porque -por más extraño que parezca- ella es sus alas teñidas de un índigo profundo en un mundo de cristal que ahora lleva su rostro grabado en cada rincón, que ahora acompaña su figura, otorgándole un concierto infinito a su ancestral corazón. Él Suele preguntarle como se sientes mientras un presuntuoso brillo se vá creando en las pupilas de aquella que -aunque dilatadas- lo miran pidiéndole ayuda de una forma particular. Se siente libre de seguir sus rastros bohemios, de responder con acordes sencillos unas notas deliciosas que lo penetran subcutaneamente. Ella fiel misterio eclipsado, ella un todo teatralizado en él, ella regalando su sangre al universo, él besándola insaciablemente, ellos desvaneciéndose con cautela, transformándose en sonidos, recordando a un piano desvelado en una madrugada silenciosa.
miércoles, 31 de octubre de 2012
Tic-Tac
*Camina de un lado a otro, mira dirigiéndose a muchos sitios de la habitación. Parece estar ansioso y a la vez enojado. Se detiene en seco y mira fijo*
- Tic, Tac. Tic, Tac. Tic, Tac. Tic... ¿No les molesta a la gente? ¿No se sienten abrumados por ese infinito palpitar del tiempo? Yo si, me ciega, me enloquece. El simple hecho de saber que jamás esas agujas pararán de moverse me vuelve loco. Pero no es lo único que me saca de quicio, no. Cuando la canilla queda abierta y caen de ella repetidas gotas, una, y otra, y otra vez, o cuando los nenes de la vuelta vienen a jugar cerca de casa y golpean sistemáticamente mi pared con su pelota, una, y otra, y otra vez, o peor aún, cuando un pájaro se acerca a mi ventana y se pone a cantar sin pausa, no es feliz ¿Por que canta? Es que no tiene nada que hacer... y simula. Yo... yo sí tengo algo que hacer, por eso me molesta. ¡porque espero y no me dejan pensar!
Vos sos la única persona que me entiende Boddah sabes escuchar, ¿Alguna vez te lo dijeron? Me siento libre cuando te hablo, en parte sos como mi reflejo, aunque mudo, que me mira constante e infinito. Aunque a veces me da la impresión que estás ido de vos, mirándome con ojos inexpresivos como si tu alma no estuviera en tu cuerpo, hasta que *grita* ¡te grito! *baja la voz* y me miras con atención nuevamente. Olvidé el día que te conocí, solo recuerdo que estabas vestido de negro y tenias un cómico sombrero que me recordaba mucho a las películas de crímenes, parecía que te estabas ocultando de alguien, como un espía, temeroso. Después te cambiaste y te pusiste lo que ahora llevás puesto. Te queda bien el rojo. Me gusta ese color. Me gusta como te queda. Me recuerdan a los atardeceres de verano cuando el sol sangra su vuelta. ¿Estás enamorado?... ¿Estuviste enamorado?... bueno supongo que no querés hablar de ello, ¿cierto? Tranquilo, te entiendo. También sufrí por amor, todos sufrimos por amor y sabes, es mucho más doloroso que cualquier herida cortante, o cualquier quemadura en la piel, porque cuando a uno lo hiere alguien que ama la herida no es en el cuerpo, claro, es en el Alma. Y aquellos cortes no cicatrizan nunca amigo mio. Muchas veces se maquillan, pero siempre están, como el aire.
Hace tiempo conocí a una persona... cuando caminaba por la plaza una tarde de marzo, lluviosa. Te preguntarás que hacia en la plaza un día de lluvia. Nada. Solo disfrutaba ver el caminar de las personas. Como la lluvia golpeaba en ellas. Miraba sus rostros y visualizaba como serán sus vidas. ''Cada persona es un mundo'' decía siempre mi abuela, y eso me hacia eco en la cabeza.
Hasta que, de pronto, mi cuerpo se paralizó al verla, tan perfecta, tan sublime, corriendo saltando charcos sin paraguas. Me acerqué a ella y le ofrecí el mio. Sonrió. y yo también lo hacia, pero su sonrisa era diferente, la mía era superficial. Así fue como nos conocimos, una mañana lluvia se marzo.
*Empieza a caminar* Ella era diferente , ella me hacia sentir vivo. Creo, creo que estaba enamorado, estoy, estaba, estoy *Se sienta y mira hacia el piso* Helena. *levanta la mirada risueño* Va a volver, me lo dijo, ¡Sí ella! ¿Por que me miras así? ¿No crees en su palabra? ¡Ella jamás me mintió! además nunca lo haría, no se le miente a la gente que se ama ¿sabes? *silencio* Yo nunca te miento, aunque no te amo, te aprecio, porque me escuchas siempre y nunca me juzgas, esa es una virtud que me gustaría tener Boddah. Ahora que lo pienso, cualquier persona querría estar contigo... *se entusiasma* ¡sí, cualquiera! *A Boddah aunque su voz parece neutra mira desafiante* Bueno, excepto Helena claro, jamás te querría, sin ofender, ella solo me ama a mí. *pensativo* ¿Me pregunto donde estará y por que no volvió como dijo? Algo la retrasó, sí.
La última vez que la ví tenia un vestido floreado, como siempre tenia el pelo suelto como tanto me gusta... y... una sonrisa que me recordaba a las teclas de los pianos. Su voz era melodiosa, hasta cuando se enojaba conmigo, *lo dice entre risas* yo solo podía quedarme estupefacto ante su presencia, la cual me daba vida, como una marioneta sin corazón. Ella era el mio, era el de los dos. Hasta que se marchó, se esfumó, desapareció entre la multitud... aunque no me preocupé hasta ahora, que ya pasaron 5 años desde que partió, o tal vez fueron dos o tres semanas, o quizás un par de horas. Da igual porque todavía no llega.*silencio, hace gestos con las manos como si tuviera una batuta* ¿Escuchas? Tic, Tac. Tic, Tac. Tic, Tac. Tic... odio ese sonido, lo odio con pasión, me enervan la sangre, la poca que circula sin ella presente. Aunque para calmar mis ganas de destruirlo todo, suelo visualizarla en mi mente mientras escucho el reloj, y me imagino... *Lo dramatiza* me imagino que cada Tic es un paso de su pierna izquierda y cada Tac uno de su derecha, caminando, viniendo hacia casa, hacia mí. *silencio* ¿Loco? No estoy loco, estoy cegado ante todo, estoy cegado ante ella, ante vos. Vos que estabas con ella cuando llegué. ¿Qué? Vos... Vos eras el hombre vestido de negro, eras vos el que besaba a mi helena a mis espaldas ¡Y en mi propia casa! Ustedes no me vieron llegar, menos me escucharon, estaban muy ocupados, muy ocupados. ¡Como cambian las cosas cuando la rutina se modifica... cuando llegás temprano de trabajar! ¿No? entonces fuí y tomé el arma que heredé de mi padre, fuí hasta la cocina donde estaban y gritando mi odio ¡te disparé! Y te vestí de rojo... y la vestí de rojo... pero ella se fué, gritando. Pero con su vestido primaveral blanco manchado en sangre. ¡No era un vestido floreado, era blanco!
*Algunos segundos de silencio hasta que escucha ruidos en la entrada* ¿Helena? ¡Helena! ¡Es Helena! *sale corriendo y abre la puerta* No... vos no sos helena. ¡Helena! ¡¿Dónde estás helena?! *la vé* Helena diles que no soy mala persona, Diles que no hice nada malo *cae hacia atrás, y se arrastra, alejándose* *la mira a helena nuevamente*
¡NO SE LE MIENTE A LA GENTE QUE SE AMA, NO SE LE MIENTE A LA GENTE QUE SE AMA!
Se cierra el telón
- Tic, Tac. Tic, Tac. Tic, Tac. Tic... ¿No les molesta a la gente? ¿No se sienten abrumados por ese infinito palpitar del tiempo? Yo si, me ciega, me enloquece. El simple hecho de saber que jamás esas agujas pararán de moverse me vuelve loco. Pero no es lo único que me saca de quicio, no. Cuando la canilla queda abierta y caen de ella repetidas gotas, una, y otra, y otra vez, o cuando los nenes de la vuelta vienen a jugar cerca de casa y golpean sistemáticamente mi pared con su pelota, una, y otra, y otra vez, o peor aún, cuando un pájaro se acerca a mi ventana y se pone a cantar sin pausa, no es feliz ¿Por que canta? Es que no tiene nada que hacer... y simula. Yo... yo sí tengo algo que hacer, por eso me molesta. ¡porque espero y no me dejan pensar!
Vos sos la única persona que me entiende Boddah sabes escuchar, ¿Alguna vez te lo dijeron? Me siento libre cuando te hablo, en parte sos como mi reflejo, aunque mudo, que me mira constante e infinito. Aunque a veces me da la impresión que estás ido de vos, mirándome con ojos inexpresivos como si tu alma no estuviera en tu cuerpo, hasta que *grita* ¡te grito! *baja la voz* y me miras con atención nuevamente. Olvidé el día que te conocí, solo recuerdo que estabas vestido de negro y tenias un cómico sombrero que me recordaba mucho a las películas de crímenes, parecía que te estabas ocultando de alguien, como un espía, temeroso. Después te cambiaste y te pusiste lo que ahora llevás puesto. Te queda bien el rojo. Me gusta ese color. Me gusta como te queda. Me recuerdan a los atardeceres de verano cuando el sol sangra su vuelta. ¿Estás enamorado?... ¿Estuviste enamorado?... bueno supongo que no querés hablar de ello, ¿cierto? Tranquilo, te entiendo. También sufrí por amor, todos sufrimos por amor y sabes, es mucho más doloroso que cualquier herida cortante, o cualquier quemadura en la piel, porque cuando a uno lo hiere alguien que ama la herida no es en el cuerpo, claro, es en el Alma. Y aquellos cortes no cicatrizan nunca amigo mio. Muchas veces se maquillan, pero siempre están, como el aire.
Hace tiempo conocí a una persona... cuando caminaba por la plaza una tarde de marzo, lluviosa. Te preguntarás que hacia en la plaza un día de lluvia. Nada. Solo disfrutaba ver el caminar de las personas. Como la lluvia golpeaba en ellas. Miraba sus rostros y visualizaba como serán sus vidas. ''Cada persona es un mundo'' decía siempre mi abuela, y eso me hacia eco en la cabeza.
Hasta que, de pronto, mi cuerpo se paralizó al verla, tan perfecta, tan sublime, corriendo saltando charcos sin paraguas. Me acerqué a ella y le ofrecí el mio. Sonrió. y yo también lo hacia, pero su sonrisa era diferente, la mía era superficial. Así fue como nos conocimos, una mañana lluvia se marzo.
*Empieza a caminar* Ella era diferente , ella me hacia sentir vivo. Creo, creo que estaba enamorado, estoy, estaba, estoy *Se sienta y mira hacia el piso* Helena. *levanta la mirada risueño* Va a volver, me lo dijo, ¡Sí ella! ¿Por que me miras así? ¿No crees en su palabra? ¡Ella jamás me mintió! además nunca lo haría, no se le miente a la gente que se ama ¿sabes? *silencio* Yo nunca te miento, aunque no te amo, te aprecio, porque me escuchas siempre y nunca me juzgas, esa es una virtud que me gustaría tener Boddah. Ahora que lo pienso, cualquier persona querría estar contigo... *se entusiasma* ¡sí, cualquiera! *A Boddah aunque su voz parece neutra mira desafiante* Bueno, excepto Helena claro, jamás te querría, sin ofender, ella solo me ama a mí. *pensativo* ¿Me pregunto donde estará y por que no volvió como dijo? Algo la retrasó, sí.
La última vez que la ví tenia un vestido floreado, como siempre tenia el pelo suelto como tanto me gusta... y... una sonrisa que me recordaba a las teclas de los pianos. Su voz era melodiosa, hasta cuando se enojaba conmigo, *lo dice entre risas* yo solo podía quedarme estupefacto ante su presencia, la cual me daba vida, como una marioneta sin corazón. Ella era el mio, era el de los dos. Hasta que se marchó, se esfumó, desapareció entre la multitud... aunque no me preocupé hasta ahora, que ya pasaron 5 años desde que partió, o tal vez fueron dos o tres semanas, o quizás un par de horas. Da igual porque todavía no llega.*silencio, hace gestos con las manos como si tuviera una batuta* ¿Escuchas? Tic, Tac. Tic, Tac. Tic, Tac. Tic... odio ese sonido, lo odio con pasión, me enervan la sangre, la poca que circula sin ella presente. Aunque para calmar mis ganas de destruirlo todo, suelo visualizarla en mi mente mientras escucho el reloj, y me imagino... *Lo dramatiza* me imagino que cada Tic es un paso de su pierna izquierda y cada Tac uno de su derecha, caminando, viniendo hacia casa, hacia mí. *silencio* ¿Loco? No estoy loco, estoy cegado ante todo, estoy cegado ante ella, ante vos. Vos que estabas con ella cuando llegué. ¿Qué? Vos... Vos eras el hombre vestido de negro, eras vos el que besaba a mi helena a mis espaldas ¡Y en mi propia casa! Ustedes no me vieron llegar, menos me escucharon, estaban muy ocupados, muy ocupados. ¡Como cambian las cosas cuando la rutina se modifica... cuando llegás temprano de trabajar! ¿No? entonces fuí y tomé el arma que heredé de mi padre, fuí hasta la cocina donde estaban y gritando mi odio ¡te disparé! Y te vestí de rojo... y la vestí de rojo... pero ella se fué, gritando. Pero con su vestido primaveral blanco manchado en sangre. ¡No era un vestido floreado, era blanco!
*Algunos segundos de silencio hasta que escucha ruidos en la entrada* ¿Helena? ¡Helena! ¡Es Helena! *sale corriendo y abre la puerta* No... vos no sos helena. ¡Helena! ¡¿Dónde estás helena?! *la vé* Helena diles que no soy mala persona, Diles que no hice nada malo *cae hacia atrás, y se arrastra, alejándose* *la mira a helena nuevamente*
¡NO SE LE MIENTE A LA GENTE QUE SE AMA, NO SE LE MIENTE A LA GENTE QUE SE AMA!
Se cierra el telón
viernes, 26 de octubre de 2012
Juguetes
Fuiste mejor que yo desde que abriste los ojos, desde el primer momento, a partir de tu primer bocanada de aire viciado después de un grito de angustia. Naciste con alas tan grandes como tu imaginación, aunque invisibles a los ojos e imposibles de tocar. Volabas con solo cerrar los ojos, te divertías en tu placenta exterior alejado absolutamente de la oscuridad. Los objetos de tu alrededor podían ser lo que quisieses: no importan los detalles cuando amas algo. Eras superior a todos, y no lo sabías. Más sabio que ninguno y apenas balbuceabas tristes monosilavos incomprensibles.
Escuchabas sonar la caja de juguetes como una musical, el miedo y la inseguridad estaban en un segundo plano, esos que son opacados por el primero, a los cuales no puedes apartarle la vista. Corrías incansablemente sin soltar la mano de tus amigos imaginarios, te aconsejaban, te protegían. Manipulabas tu realidad de una forma tan real que sin querer solías cambiar el destino con tus sutiles manos diminutas. Asombrado abrías los ojos a lo desconocido -te interesabas demasiado aunque no lo entendías-.
Todo era hermoso a tu alrededor, a lo que le mostrabas una sonrisa despreocupada para luego continuar con tus infinitos juegos de colores.
Eras vos, siempre lo fuiste, en tus ojos se materializaba tu realidad. Eras vos, eras el reflejo de tu alma pura y solemne, que brillaba como amatista frente todos. Eras vos y nadie más. Y eras perfecto así, nunca deberías haber cambiado nada, y aunque conserves gran parte de lo que fuiste, estás siendo corrompido, y es que al crecer uno lo hace -triste e inevitablemente-, porque el objetivo máximo de la existencia es conservar por siempre lo que desde el principio se nos fue enseñado y luego con el tiempo olvidando o no, pero si no fue así, repartirlo continuamente para que al final del capitulo de nuestras vida podamos gritar a viva voz que lo hicimos, que llevamos el cielo a la tierra, como el primer día, desde el primer día.
¿Te das cuenta por que todo bebe nace llorando? Por mi, por todos, pero no por vos, estás a tiempo de volver. No vendas tus alas, extiéndelas y vuela sobre mi, porque fuí vos, porque soy tu reflejo.
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